*CONEXIÓN CASTILLITO*

Johnny Gorrilla (III)

Posted in Artículos, Relato by Alejandro Barragán Luna on 12/08/2019

clase de palomas(Viene del capítulo anterior) Un día, entrado agosto, el levante se cabreó con los mesetarios y jodió la mañana a todo el mundo. Casi todos los coches volaron y Johnny Gorrilla se quedó solo en la balaustrada de la playa. Su mirada se posó sobre las únicas personas que quedaban en la arena. Era la familia del sucio Seat azul del 98 y alguien más. Se lo contó así a la periodista que le entrevistó años después: “La jefa nunca me lo explicó, pero acabé entendiéndolo todo. Aquella familia venía de incógnito, eso estaba claro. Y obviamente su patriarca venía a reunirse con alguien importante en medio de la playa, donde nadie les podría escuchar ni grabar lo que tramaban. De qué hablaban, no me importaba. Yo solo quería el maletín que me habían prometido por el trabajo”.

Cogió su libreta y escribió un mensaje codificado para la jefa. “Objetivo identificado. No hace falta apuntar más matrículas. Preparado para la siguiente fase”. En realidad, Johnny no sabía si había siguiente fase o simplemente era una suposición práctica. El caso es que ahora sólo tendría que esperar a la noche para entregarle el informe a Cindy, la sirvienta, a la hora de sacar la basura, tal y como venía haciendo ya en las últimas semanas sin cruzarse una palabra. Todavía era mediodía, pero ante la despiadada levantera y la falta de clientes, nuestro aparcacoches decidió darse un descanso en su trastero-hogar.

Entonces, desde una esquina, vio que llegaba una persona en la bicicleta del repartidor de publicidad desaparecido. No. Era él. Era el mismísimo repartidor: su contacto, el experto en buzoneo. Johnny Gorrilla se le quedó mirando perplejo. Como siempre hacían al verse, arqueó las cejas. Sin embargo, el otro hizo como que no le vio y pasó de él. Encadenó la bici a la barandilla de las escaleras y bajó a la playa, en dirección al chiringuito. Johnny se vio obligado a informar a su jefa, vía Cindy. Sacó la libreta otra vez y añadió a su mensaje codificado: “Creo que tenemos un topo”. (Terminará en 15 días)

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (12 de agosto de 2019)

Johnny Gorrilla (I)

Posted in Artículos, Relato by Alejandro Barragán Luna on 15/07/2019

20190621_193340Solo había tres coches en la bolsa de aparcamientos junto a la playa cuando llegó el cuarto: un sucio Seat azul del 98. El hombrecillo escuchimizado se acercó a paso ligero y le dio las indicaciones para que aparcara decentemente, sin golpear a los demás, sin salirse de las rayas. Era habilidoso en estas tareas. Nadie se había quejado nunca de posibles fallos. Una vez el motor estuvo apagado, el hombrecillo extendió el brazo, con la palma de la mano hacia arriba, como para comprobar si llovía, y esperó. A los pocos segundos, una moneda cayó en ella. Gracias, que tenga un buen día, dijo el hombre educadamente. La familia que se bajó del coche no le respondió nada a aquel hombrecillo escuchimizado, mal afeitado, con camiseta raída de Cajasur y chaleco amarillento. De hecho, no llegaron ni a mirarle a los ojos. Ni siquiera por encima del hombro.

A él le dio igual. Como siempre. Nunca esperaba la atención dedicada de nadie. Soy como un semáforo, comentó tiempo después, cuando le entrevistó una chavala que hacía prácticas en este periódico. Pero no le dolía el trato inhumano. Ni le molestaba. Es mi trabajo, repetía constantemente en la entrevista. Lo que no sabía la aprendiz de periodista era que aquel hombrecillo no se refería a su trabajo como aparcacoches. Su verdadero trabajo, aunque igual de digno, tenía mucha más enjundia.

La familia de aquel cuarto coche bajó a la playa tranquilamente sin mirarle, pero Johnny Gorrilla sí se fijó bien en ellos. Más que bien. Los analizó. A continuación, se sacó una libretilla gastada del bolsillo del pantalón y apuntó a boli la matrícula junto a la hora de llegada y el número de pasajeros. Volvió a guardarse la libreta y esperó.

Siete coches más tarde, apareció por fin el repartidor de publicidad en su bicicleta. Como quien no quiere la cosa, pasó junto a Johnny y, sin entablar conversación, recogió de su mano la hoja arrancada de la libreta. Se despidieron con un subir de cejas y cada uno continuó a lo suyo. (Continuará en quince días).

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (15 de julio de 2019)