*CONEXIÓN CASTILLITO*

El Guerrero contra Goliat

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 19/12/2016
menú

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Mi amigo Guerrero (es su apellido; es filólogo y no usa cota de mallas) está convencido de que con la construcción del parking subterráneo en Pozos Dulces, se va a cometer un auténtico crimen contra el patrimonio portuense. Hay más gente convencida de tal extremo, pero él solito ha emprendido una cruzada, apoyándose en el activismo mediático y las redes sociales virtuales, para evitar que se destruya un importante yacimiento arqueológico, por mucho que la Administración pública minimice su valor. Pide que paren las máquinas y quisiera que descubrieran o se inventaran alternativas para conservar los restos que aparecieron cuando empezaron a remover la tierra. Que construyan en altura y respeten lo que hay abajo, que pongan si hace falta una cristalera en el suelo para que el visitante aprecie cimientos y pavimentos de hace cuatro siglos en esta orilla del Guadalete. Cualquier cosa con tal de que respeten el hallazgo. Pensará mi amigo, al igual que yo, que si la ciudad quiere vivir del turismo todo el año, ya podría cuidar, invertir y difundir (vender) mejor sus monumentos y su patrimonio histórico, como hace con playas y bares. Dicen que en Francia descubren en medio de un patatal una piedra con una inscripción del neolítico y te montan en un santiamén un hotel, una tienda de regalos y cuatro restaurantes a su alrededor. No sé si será verdad, pero aquí, para que promocionen la arqueología, las ruinas habrían de tener la cara de Cristiano Ronaldo, o algo así.

Mi amigo desearía que la gente se movilizara antes de que fuera tarde y se entrevistaría con quien fuera necesario (alguien con poder, claro) para hacerle ver el desastre que se avecina. Está mi amigo realmente preocupado. No es broma. Pero cuando me pregunta si creo que esforzándonos todos un poco se detendría la barbarie, le respondo directamente que no. Pienso en nuestros enclaves prehistóricos, fenicios o medievales, en la Muralla, en el vaporcito, y en las entidades financieras, y repito: no, sinceramente no. Ojalá.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (19 de diciembre de 2016)

Aparcar es un placer

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 15/08/2016
patatas

patatas

Vino porque le habían dicho que aquí era una odisea aparcar. Y él estaba ávido de odiseas, ilíadas y hasta eneidas. Era lo que se dice un aventurero, hastiado de una vida fácil en la gran ciudad, con sus transportes públicos cómodos y puntuales. Sabía que El Puerto no era único en esto, pero ya que era verano, rodeándose de playas y playeros, se planteó con ilusión este genial reto vacacional.

Le habían hablado del afán de sus habitantes por dejar el coche en la puerta de la panadería para comprar el pan. Puso en google ‘aparcamiento’ y ‘El Puerto’ y se encontró con polémicas históricas cada vez que construían un parking o que eliminaban plazas en el centro pseudopeatonal. Aparecieron también apasionantes historias sobre las zonas naranja, ahora canceladas, las zonas de aparcacoches humanos, los tiques de a euro, las bolsas alegales en la Feria, los vados clandestinos en la playa… Incluso, le habían hablado de la siempre grata doble fila por la parte alta de Valdés o en la avenida del Ejército; todo con un aire muy madrileño. “Un auténtico parque temático del aparcamiento”, exclamó al llegar. Era lo que él buscaba: sentir en sus carnes, y en la temperatura del motor, el placer de buscar un hueco con más dificultades que jugar al Tetris a ciegas. “Para aparcar con facilidad me voy a un pueblo”, manifestaba nuestro protagonista. “A mí, lo que me gusta es sudar y revolverme en el asiento escuchando el cláxon del prójimo, que grita ¡ahí no cabe!”.

Por eso, flipó en colores con la experiencia piloto que se había puesto en marcha en varias calles estrechas del centro, por la cual los coches irían aparcando en zig zag, obligando a los conductores a realizar un eslalon continuo para disminuir la endiablada velocidad del tráfico. “Es una maravilla: esta gente debería promocionar su Aparcapuerto de Santa María como gran atractivo turístico y dejarse de tantos eventos culturales”, sentenció justo antes de irse a Cádiz a probar la zona azul, que también tenía su aquél.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (15 de agosto de 2016)

Mitología del parking

Posted in Artículos, Relato by Alejandro Barragán Luna on 11/04/2016
ramillete

ramillete

Paseaba Menesteo, undécimo rey de Atenas, contando ardillas por la calle Pagador, cuando se le apareció un espíritu con cara de listo que le animó a levantar un parking subterráneo, ahí mismo, donde en un futuro se levantaría una ciudad con plaza de toros pero sin estación de autobuses. Mientras cavilaba sobre la contradicción que supone levantar algo subterráneo, se encontró con Alfonso X, el rey sabio, que discutía con Juan de la Cosa sobre la redondez de la tierra, de forma acalorada, porque se les había pegado nuestra forma de hablar, acalorada, a ellos que no eran de aquí. El caso es que Menesteo se inmiscuyó en la conversación, aportando un par de rimas en griego, por supuesto, pues no sabía castellano y les pidió consejo sobre el parking, también en griego, suponiendo que Alfonso era sabio de verdad y podría entenderle. Efectivamente, Alfonso era sabio, no como otros reyes, que tuvieron apodos más incómodos, y por eso le entendió.

Sin embargo, lejos de contestar, Alfonso y de la Cosa, tras santiguarse, se alejaron en dirección al camping, en la playa que habría de ser construida siglos más tarde para deleite del pueblo. Menesteo, el pobre, se quedó sin sabios consejos. Entonces, fue a donde Hernán Díaz, creyendo que como éste sabía de rotondas quizás podría ayudarle con lo del parking. Por su parte, el joven alcalde dijo algo en un idioma desconocido, y acabó invitándole a un oloroso (o fino, pues no hay datos que lo corroboren) en una mustia tasca.

Ante la frustración, a Menesteo solo le quedaba preguntarle al general Tariq y a Alberti, pero ya sospechaba sus respuestas. Tú levanta el parking, Menesteo; haz lo que quieras, como si haces un campo de rugby, lo importante es que luego te lo paguen.

Y así quedó la cosa hasta hoy. Menesteo logró desestacionalizar el turismo, pero el parking nunca llegó a levantarlo. Si acaso, lo enterró, que para eso era subterráneo, a la espera de que alguien hiciera una cata arqueológica, o al menos, una cata de vino a ciegas.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (11 de abril de 2016)

Autotetris

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 20/07/2015
tapones

tapones

En El Puerto, aparcar es un verbo tiznado de amarillento, descolorido y también, como en muchos otros sitios, maloliente, aburrido e indignante. Al verbo me refiero. Del  mismo modo, aparcamiento es una palabra larga, innecesariamente larga, que mancha y hiere al oyente disciplinado. Fónicamente fea a pesar de que rima con muchos otros vocablos más elegantes como sarmiento o ensimismamiento. Lo mismo ocurre con estacionamiento… Y no hablemos del falso anglicismo con “k” e “ing” de gerundio: eso sí que es un despilfarro intelectual. Todas, en fin, palabras que no dan paz alguna.

Sin embargo, a pesar de su mal olor, hoy día, todo el mundo tiene en la boca el aparcamiento, con todas sus letras, a la hora de referirse al de la ya-no zona naranja, al privado público privado y público de Vistahermosa, al ¿sobreterráneo? de la otra margen del río y cómo no, al de la plaza de toros. Y les da igual. Ensuciándose la boca todo el día con esa palabra tan cacofónica. Y yo, ahora, pringándome los dedos al teclearla por aquí.

Ensuciados por esta palabreja, me pongo a imaginar al gobierno municipal embadurnando sus cerebros con una plasta informe para buscar la manera de cumplir lo prometido a sus votantes sobre la plaza de toros, sin terminar con cara y trasero de Tsipras. Por lo pronto, al anterior alcalde me lo imagino frotándose las manos, con ligera sonrisa, viendo cómo palabras -esta vez, verdaderamente horrorosas- como indemnización, daño, perjuicio o incumplimiento brotan solas de los papeles con solemne mala leche. Todo, aderezado con los vocablos millón y dinero, que también manchan lo suyo. Una peste total, pienso.

La alternativa que buscan al aparcamiento podría ser, no sé, parrilla multicolor, puzle móvil, autotetris… O jardín de coches, como jardín de infancia, que sería un término más jovial, más verde, más fresco. Sea lo que sea, por favor, dejemos ya que el aparcamiento se desmembre, que dejen fluir sus letras y que nos liberen de esa palabra que, además de fea, nos da un calor insoportable.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (20 de julio de 2015)

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Estirar el dinero

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 07/02/2014
piedras

piedras

Tienes 18 millones de euros ante ti y no se te ocurre otra cosa que estirarlos, estirarlos, estirarlos más aún, así, así, un poco más, hasta que, plas, se rompen, saltando en pedazos y todo se llena de euros. Pues con los restos que quedan desparramados por el suelo te haces una montañita y decides guardarla en una alcancía, por si algún día necesitas viajar a Eurodisney y no tienes ánimos de pedir un préstamo en el banco de tu confianza.

Cualquier otro, antes de estirar los 18 millones, habría querido construir un parking subterráneo de megalómanas proporciones, junto a la plaza de toros, para que cuando haya corridas (o espectáculos análogos) nadie tenga que ir a aparcar al parque Europa sino que pueda hacerlo tranquilamente a escasos metros del histórico coso portuense. O por si el aparcamiento del Mercadona está lleno o por si no hay ganas de ir andando desde el camping de la Puntilla hasta el Castillo San Marcos. Cualquiera tiende a pensar que cada uno se mueve como le da la gana y el Ayuntamiento debe estar ahí para dar soluciones a todos, incluidos quienes deciden ir en coche y pagar por estacionar. Que no todo es hacer ejercicio ni todo ha de ser gratis. Y salir en Megaconstrucciones siempre tiene cierto tirón turístico.

Cualquier otro, antes de estirar los 18 millones, buscaría un resquicio legal para que sea el pueblo quien se quede el dinero, aunque luego lo tenga que devolver, como si fuera un préstamo, pero con intereses. Luego, buscaría la manera de invertir la mayor parte en algo útil para muchos y lucrativo para unos cuantos (como por ejemplo, una macro gasolinera o, no sé, un aeropuerto), porque eso es, al fin y al cabo, pensar en la comunidad.

Sin embargo, tú no harías eso. Tú cogerías los 18 millones de euros y los estirarías, los estirarías, los estirarías más aún, así, así, un poco más, hasta que, plas, se rompen y saltan en pedazos y los despojos se esparcen desordenados y nos manchan a todos. Qué asco. Tu egoísmo nos hace llorar.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (7 de febrero de 2014)