*CONEXIÓN CASTILLITO*

Más norias

Posted in Artículos, Relato by Alejandro Barragán Luna on 13/07/2020

queremos sushiYo no me conformo con una sola. En realidad, yo pondría como diez norias seguidas en toda la margen esa del río. Desde aquí hasta el espigón. Dispuestas en batería, sabes cómo te digo, así como cejadas. Que el conjunto no parezca un aparcabicis ciclópeo, sino algo más estético. Lo de las licencias es lo de menos, ya habrá tiempo para eso; hay cosas más importantes.

Saldríamos en los telediarios de todo el mundo. La gente fliparía, se crearían miles de empleos más de los que ya tenemos y por fin, veríamos cómo cambiamos el rumbo de nuestra economía. Podríamos abandonar la senda del turismo estacional y daríamos la bienvenida a la era del turismo rotacional, o giratorio, o como quieras que se llame. Un cambio de concepto que lleva implícito la misma esencia de la noria: el cambio constante. Una oda a lo efímero, al nada es eterno, cosas por el estilo. Una buena campaña de marketing lograría convencer a las masas, que se lanzarían como locas a las taquillas y se darían las vueltas necesarias para captar la nueva imagen triunfadora de El Puerto. Ya no serán cientos, sino decenas de miles de fotos, todas iguales, de la estampa aérea del atardecer, la bahía, las azoteas, las salinas, todo tan poético. Y al contrario, miles de postales con las norias de fondo, colocadas como un escuadrón de aviones circulares a punto de lanzarse sobre el casco antiguo.

Yo es que ya me lo imagino. Camisetas, gorras, riñoneras con las norias serigrafiadas. Las colas gigantes para acceder. Autobuses a reventar. Renfe aumentando sus conexiones con las capitales y bajando los precios por solidaridad con el pueblo. Apartamentos turísticos hasta en el entorno del cementerio. El PIB disparándose. Con el superávit, se instalarían más norias, ya en la otra margen, en las Galeras, plaza de toros, glorieta del Oasis. Y cómo no, una en la plaza de la Noria. Ahí iría la más grande jamás construida, ¿que no? Sería lo suyo. Adoraríamos las norias y nos olvidaríamos del resto de ídolos caídos en desgracia.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (13 de julio de 2020)

Tener talento

Posted in Artículos, Reflexiones by Alejandro Barragán Luna on 21/10/2019

calcetinesEsta noche, una joven portuense, hija de amiga y compañera de gremio, participa en un programa nacional que se llama Got Talent, que yo nunca he visto, pero, oye, es para enorgullecerse. Otro colega acaba de estrenar su propia obra de teatro en Londres, la cual dirige y protagoniza él solito. Tengo amigos y conocidos que reciben premios literarios de renombre. Los tengo que triunfan con su música en Japón, Sudamérica o Barcelona. Gente que baila para rabiar. Campeones con diversidad funcional. Cineastas, pintores y artistas gráficos que son unos máquinas. Conozco gente con gran habilidad para diseñar alpargatas y ases de la cocina haciendo sushi o albóndigas. Hay quienes sobresalen en la biología, en la enfermería, en la docencia escolar, en los estudios antropológicos. Hasta tengo amistades talentosas en el uso del Tinder. Y hay, cómo no, quien muestra un enorme talento para hacer chapús en un santiamén, cultivar acelgas con destreza, limpiar retretes afanosamente, tender la ropa sin que se agujeree, criar vástagos sin sufrir estrés (o con estrés, qué más da). Talentos que alabo y que respeto profundamente a pesar de lo que sufren en la precariedad del momento, las estrecheces, la temporalidad, el ninguneo.

Claro que si le damos la vuelta al escaparate, nos podríamos dar un chocazo de frente con otros talentos más inmediatos, cómodos, rentables a corto plazo pero feos: Talento para gestionar mal, construir mal, pagar mal, contratar mal, insultar y agredir, acallar, desalojar, para horadar suelos, pudrir patrimonios, embolsillarse contratos rarísimos, para redactar planes de ordenación urbana enfangados desde el principio, para reconocer el plagio de una tribuna libre dentro de otra tribuna libre. Yo qué sé. Hay talento pa to.

La Bahía siempre ha sido tierra de talento, vale. Incluso yo tengo talento para hacer tortilla de papas, lo admito. Pero, a ver, contestadme, ¿sabéis a cuánto se paga el kilo de talento del bueno? ¿Cotiza en bolsa? Pues eso. Seguid pensando en el turismo.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (21 de octubre de 2019)

El señor Konéctez

Posted in Artículos, Fábula, Relato by Alejandro Barragán Luna on 11/02/2019

IMG_20190210_182622Imagino al señor Konéctez como un señor ordenado, impoluto, como el vestíbulo de un hotelazo, así, esterilizado, de ésos vestíbulos en los que el suelo podría servirte al mismo tiempo de espejo y de plato para rebañar la cena con la lengua, de tan limpio que está. Al señor Konéctez le importa un mojón, hablando en latín, los 200 trabajadores que tiene a su cargo en El Puerto. Lo más probable es que no los haya visto nunca, pero puede que sí, que viniera de visita algún día y se hiciera una amable foto de grupo para colgar en el despacho del gerente. No lo sé, la verdad. No contrasto ya nada últimamente. Esto sólo es una fabulación poética; ni si quiera es una opinión, porque opiniones hay ya tantas que hacen interferencias y huelen a dogmas de fe con aire medieval. Y yo, si hay que opinar, lo hago en la plazoleta, no aquí, donde no puedo rectificar nada.

Pues un día, al señor Konéctez se le encienden las luces de la frente, pues así lo imagino, con luces en la frente, y decide cerrar la planta portuense y llevarse a la gente a un pueblo de Sevilla y a Castilla. Le importa un mojón que así rompan sus vidas en familia. Quizás ni lo haya pensado. Tal vez no sea una decisión suya, sino de un subalterno, pues él está a otras cosas más gordas. Como hacer negocios con multinacionalistas, hablar de millones sonantes, comprar a un banco famoso su propia alma, con la ayuda de un no sé qué de capital de riesgo. Cosas así. A lo mejor, al señor Konéctez no le gusta usar la expresión capital de riesgo porque suena a piratería, a inmoralidad. O puede que sí le guste usarla porque muestra valentía, talento, progreso y otras emociones humanísimas. Yo qué sé. A tanto no llego.

Al señor Konéctez le importa un mojón que haya cientos de personas acordándose de él y de su estirpe cada noche. Después de todo, el señor Konéctez vela por sí mismo. Está preparado, ha de estarlo, por si algún día a un listillo le da por prohibir el trabajo precario. Acabaría manchándose la ropa. Y eso sería el fin.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (11 de febrero de 2019)

Una de croquetas

Posted in Artículos, Relato by Alejandro Barragán Luna on 28/01/2019

img_20180922_232216Un chavalito norteamericano (uno concreto, no cualquiera) viene de vacaciones y se lleva de recuerdo unas croquetas que hice el otro día. Mira que le he ofrecido jamón, gambas, unos salmonetitos fritos, un plato de berza. Pues lo que le entusiasma al chaval son las croquetas. El chaval, de vuelta en su pueblo allende el océano, cuenta a sus colegas lo deliciosas que están, enseñándoles un táper transparente donde las guarda, ya frías. Los colegas alucinan y le rodean para tocar las croquetas. Cuando llega a casa, deposita el táper en su escritorio y se lanza a escribir una redacción sobre su familiar viaje vacacional. La redacción pronto se convierte en un relato épico, cuyo protagonista es, ni más ni menos, un comedor de croquetas, que busca la receta perfecta. El chavalito aprovecha la inspiración y genera un cuento de aventuras y espionaje industrial. Las croquetas siguen ahí, en el táper, cada vez más mustias, secas. El protagonista del cuento en realidad es, no podía ser de otra forma, su alter ego, una proyección del propio chavalito y se pasa todo el día degustando croquetas de bar en bar. Al día siguiente, el chavalito desayuna algo con grasa y emulgente, se va al cole y cuando vuelve, sube corriendo a ver su táper con las croquetas extranjeras. Prefiere no abrir la tapa por si huele mal y reza para que no se desintegren rápidamente.

A todo esto, el padre, cansado de ver la tele, coge el móvil para ver qué audiencia virtual tiene la foto que le hizo al táper en el aeropuerto. Cuál es su sorpresa, que comprueba que hay miles de historias con la misma etiqueta (#croquetas), y entre ellas, la de un niño (otro american niño) que se ha hecho famoso por hablar bien de las croquetas de un famoso freidor, famoso por su marisco (aquí, no en el medio oeste). El padre, con cara de negocio, mira a su mujer y le dice: Gordi, llama al Pentágono, y que me pongan con el departamento de inversiones de ultramar, que quiero invertir en croquetas y voy a necesitar ayuda, pero ya.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (28 de enero de 2019)

Época de fantasía

Posted in Artículos, Poesía en prosa, Relato by Alejandro Barragán Luna on 17/12/2018

contrapesosAhí está esa pista de hielo natural, artificialmente, y me patinan los recuerdos uno tras otro: Esas nevadas, que dejaban los naranjos de la calle Larga bajo un manto de corcho sueco. La gente, montando cada copo con sus propias manos, siguiendo un brevísimo manual de instrucciones en esperanto. Y esas luces de navidad de a veinte duros que, en cambio, se montaban solas, al son de himnos sin letra. Esas manadas de renos bravos cruzando Vistahermosa, guiando a los turistas con sus cascabeles de piedra ostionera. Esos duendes verdes en situación irregular, que iban de casapuerta en casapuerta, metiendo en los buzones propaganda de la última tasca. Y esas risueñas hadas, que acababan sirviendo ajocaliente en terrazas mal abrigadas, por un mísero sueldo lapón. Esas cabalgatas de ministros chirigoteros y majorettes traperas. Esos campanilleros que traficaban con muérdago y acebo mientras firmaban christmas benéficos, ¡con un bolígrafo!

Aquellas zambombas digitales que cambiaban de color según el tono y que ya incluían conexión de diente azul. Y qué decir de aquellas otras zambombas, las de origen sherry, que pronto se fundieron con erizos metropolitanos, pestiños y mascletás, y ya no hubo quien les quitara la tilde final. Y esos niños ávidos de juegos artificiales, afinando sus panderetas, que sólo traían un villancico, pregrabado por la coral apropiacionista flamenca de Minnesota, ganador de un premio desconocido.

Y esas casas neopostradicionales, con sus belenes sin figuritas porque hacían cola en un limbo legal y apátrida. Esos arbolitos, antaño subvencionados por la Junta, que se tornaron chumberas en tiempo de higochumbos, facilitando mucho la colocación de las bolas chinas, tan frágiles. Las mesas-camilla, carbonizadas por las chimeneas sin tiro que tan de moda se pusieron con olor a leña. Y anda que esas croquetas de jengibre y arándanos de la abuela inundando la cocina. Esos turrones sabor barbacoa. Esos macpolvorones…

Qué recuerdos de ilusión. Qué época de fantasía.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (17 de diciembre de 2018)