*CONEXIÓN CASTILLITO*

Novela

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 16/03/2015

Encuentran un cadáver con disparos de bala en el maletero de un coche incendiado. Resulta ser el dueño de un conocido club portuense y se comenta que andaba metido en líos pardos. Los comentarios se expanden y pocos piensan en el posible dolor de la familia. El pecado de la carne siempre llamó la atención y si es con dinero de por medio, es más fácil el chiste y el insulto que la empatía hacia quienes sufren la brutal esclavitud. Casi al mismo tiempo, los vecinos de una barriada claman contra la prostitución visible en sus calles, con escenas desagradables, sórdidas. Los niños no pueden jugar en la calle sin espanto y no precisamente por el horror de un cartel que prohíbe los juegos de pelota.

fuente

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Por último, como interludio entre ambos, casi como parábola entre un escenario y el otro, van derribando una fábrica, o almacén, no sé exactamente, anexo al cementerio, que de tanto tiempo en ruinas parecían restos arqueológicos y que bien podría figurar como patrimonio histórico. Siempre pareció la antesala de la muerte, un purgatorio gris y real para quienes salían de la heroína por la vía de la extinción. Mirar esos muros derruidos por el abandono provocaba más grima que la misma portada del camposanto.

En la práctica, probablemente sean asuntos que no tengan nada que ver. Salvo porque los estoy juntando en el papel brillante de mi ordenador y porque me aparecen en la mente como el inicio o presentación de una novela que nunca se escribió. Solo veo tres escenas aleatorias de estética similar. Cuadros de una realidad con apariencia onírica, viciada, ahogada en un humo irrespirable, que no parece nuestra, que no es de aquí. Imágenes lejanas, que no miran a la playa ni se alumbran con el sol y la fiesta. No es la crisis. Son los fantasmas de siempre. Los que sitúan a esta ciudad en el mundo real. Con sus encantos resplandecientes, sí, pero también con sus negras historias. Donde conviven los derrotistas y los propagandistas. Los que dicen sí a los perros en la playa y los que no.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (16 de marzo de 2015)

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Metáfora basura

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 19/01/2015

Primero hay que robar treinta contenedores de basura, de los caros. Luego, quince, pero más baratos. El siguiente paso serán seis papeleras, hasta que al final, nos llevemos un cenicero. Es arte y la metáfora está clara. Si no la pilláis, intentemos explicarla.

andamios

andamios

Cuando se roban contenedores, ¿qué debemos hacer? Lo primero es llevarlos a lugar seguro, determinado con anterioridad, donde nadie os vea, si es que no os han visto antes, mientras cargáis el camión. Lo segundo: mirar dentro y comprobar que habéis traído el número acordado de contenedores pestilentes, con manchas que no tienen ni color, ni forma ni nombre. Algunos con desperdicios aún en su interior (¡qué detalle!). Se cuentan y, con el nervio, os percatáis de que a veces no salen las cuentas. Uno arriba, dos abajo. Será por el nervio y la penumbra y el cansancio, diréis. Pero al final es igual, el arte no es aritmética.

Pensarán que los habéis robado para esconder cientos de fardos y luego enterrarlos. O quizás, conjeturen que los habéis cogido por hacer el vándalo a secas. Puede que hasta sospechen de alguien de la empresa que se lucra vendiendo los contenedores. Nadie debe saber que nuestra mente es mucho más compleja y que nuestras intenciones van mucho más allá de la mera recopilación de depósitos de basura apestosos.

Antes, la gente como vosotros los pintaba a espray. Después, hubo quien les prendía fuego para ver cómo se transforma la materia en humareda negra y repugnante. Pero ya hemos dado el paso. Desde este momento, cuando robas, por ejemplo, quince contenedores del Barrio Alto estás dibujando una metáfora sobre otra metáfora. Es puro arte, en su más pura concepción, aunque los demás no lo vean.

Sí, molestamos a los vecinos, que con sus impuestos tendrán que pagar los repuestos. Pero ¿qué más da? ¿Acaso el arte verdadero es rentable? ¿Acaso saben lo que es una metáfora?

Tranquilos, nunca sospecharán de nosotros. Pero si nos pillan, decimos que somos aforados o que estamos subvencionados, ¿ok?

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (19 de enero de 2015)

El cubo y la verdad

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 28/06/2013
Suelo

Suelo

Para la gente, apareció allí, salido de la nada, con sus múltiples colores y formas geométricas tan perfectas. Grande, sugerente, cúbico y misterioso. Hubo quien se sintió como el simio de 2001, Una odisea del espacio. Otros, más jóvenes, sufrieron la siniestra tentación de entrar a ver si había trampas mortales para encontrar la clave matemática de salida, como en aquella otra película. Llevará más de un mes ahí quieto, al borde de Los Milagros, pero mis amigos no han parado de preguntarme desde entonces, como si mi labor periodística incluyera la difusión enciclopédica de toda novedad en El Puerto. No es arte, no es yacimiento, no es espacio cultural ni de ocio, ni deportivo, no da regalos, no sirve café ni expende tabaco. ¿Qué demonios es eso?

De ahí la gran responsabilidad que me abordó. Y el feo dilema que me angustiaba: la verdad o el silencio. Si respondía, tendría que atenerme a consecuencias de incalculables proporciones. Si no, mi silencio acabaría pudriéndome poco a poco, con un injusto sentimiento de culpa golpeándome la sien día tras día.

Así que, de sopetón, inspiré, espiré y respondí: es la carcasa exterior de una estación subterránea de bombeo de aguas residuales. Pausa ante caras de estupor. Prosigo no obstante. Esconde en sí misma la obra cumbre del sistema de telegestión de la infraestructura para el control y el seguimiento…

A partir de ahí, todo son carreras. Huyo a Hong Kong. Amenazas, insultos. Me quitan el pasaporte, dejo de ser ciudadano. Me dicen que vaya a Cuba. Como si allí no hubiera sistemas de control y seguimiento, exclamo. Salto de país en país. Huyo y me escondo. Nadie me perdona por contar lo que nadie quiere oír. Sabía que responder con la verdad sería positivo para la humanidad pero muy negativo para mí. Lo sabía.

No sabes nada, Jon Snowden, me repite constantemente Ygritte, la salvaje. Te equivocas de nombre y de historia, le digo. Te equivocas. Al final, todo el mundo cree que sabe algo. Y es mentira. Maldita sea. ¿Qué tendrá el cubo que me vuelve loco?

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (28 de junio de 2013)

La plaza

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 26/08/2010
Foto Lydia Ferrete

Cuando las golondrinas salen de sus nidos como despavoridas, el sol se derrama frente a la playa de Rota. Suerte que tenemos los costeros, el calor se ablanda ligeramente, y los humanos comienzan a salir de sus cubiles.

La plaza que veo desde mi ventana, triste y gris como se ha dicho repetidamente en esta columna, empieza a cobrar vida y su suelo, por muy duro que sea, rezuma alegría. No hace mucho que esto sucede, porque, meses atrás, esto era un páramo inhóspito con dunas de adoquines y máquinas ruidosas. Y más atrás en el tiempo, la plaza era un denso embudo por donde el ruido de los vehículos a motor, constante y desesperante, era capaz de acallar el repicar de las campanas y de las cigüeñas que las cuidan. Supongo que, décadas más allá, el asunto sería bien distinto, pues los cascos de los caballos siempre serían más amenos que los berridos a gasolina. Pero no lo sé, en verdad, porque entonces yo no existía.

Ahora, como decía, la plaza late con sonidos propiamente humanos, cuando al atardecer, la gente, mis vecinos y peatones varios, retoman sin violencia el sentido original de la vía pública. Los grupos de adolescentes que sudan hormonas, las madres jóvenes y sus párvulos con motos de plástico que gritan y regritan, pero que a mí no me fastidian, y sus madres, o sea, las abuelas. Los paseantes de perros sueltos y atados, los personajes de todos los días y sus historias de posguerra, los que piden y los que dan algo, los cerveceros, los fotógrafos eventuales y admiradores de monumentos.

Gente.

Vecinos en la vía pública. Atardece y los bancos se usan. Se sientan. Y las carreras de los críos y los ladridos de los perros y las voces de las madres y el gitano rapsoda. Ni siquiera me molestan ya las campanas… a veces, sí, qué huevos.

Sí, sí, hay aullidos de borrachos alguna madrugada, hay imbéciles que cruzan montados en motos a escape libre, hay marchas procesionales a deshora varias veces al año, y hay camiones de la limpieza que, a medianoche, truenan como bestias malsanas. Pero antes también.

Lo que me importa es que no hay nada como un plaza repleta de vida, peatonal, sin prisas. Y para aparcar, a la calle de al lado.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (26 de agosto de 2010)

Reformas a buen precio

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 08/04/2010

Con 500.000 euros, es decir 83 millones de pesetas, van a volver a arreglar el Paseo de la Victoria (segunda fase, lo llaman), porque el arreglo anterior fue un chapú. Que costó algo menos: 300.000 euros, es decir, 50 millones de pesetas. Como yo nunca he tenido en mis manos tanto dinero (ni en mis manos, ni en la alcancía), he recurrido al todopoderoso Google para hacerme una idea de lo que significan tales cantidades. ¿Qué podemos hacer con ese dinero?

Foto Lydia Ferrete

Pues bien, me aparecen casi 600 resultados de noticias publicadas en la prensa española que incluyen el término concreto de 500.000 euros. Ordenados según importancia (no sé qué criterio usa Google para cuantificar la importancia). Y leo, entre los primeros resultados, que con ese dinero, se va a arreglar el emisario submarino de Tarifa por el cual se vierten al mar los residuos líquidos urbanos de la localidad muy cerca de la playa. Con 500.000 euros, van a reparar las pistas rurales del municipio de Lugo. 500.000 euros son los que tiene que pagar la ex directora financiera del Palau de Barcelona para no entrar en la cárcel. Ese dinero, según denuncia el PP, es el que debe el gobierno de El Ferrol a una constructora por unas obras impagadas. Y es la misma cantidad que deben dos ex alcaldes de Boadilla del Monte por pagos ilegales. El Ayuntamiento de Elche, según ABC, ha adjudicado a dedo el estudio previo de su PGOU por el mismo importe. Con 83 millones de pesetas, leo, se firman convenios en otras ciudades con distintos clubes deportivos o con entidades de siglas impronunciables.
En resumidas cuentas, me entero de poco. Voy a tener que hacer uso de cálculos simples para hacerme una idea real de lo que son 500.000 euros. Me salen unos 150.000 paquetes de tabaco. O un millón y medio de kilos de harina. O medio millón de productos de un ‘todo a euro’. O mejor, 500 sueldos de mil euros. Poco a poco, voy visualizando el montante.
Ya para acabar mi relato demagógico de hoy, pregunto si esos 300.000 euros de la primera reforma (que no convence a nadie) podrían ser requeridos como indemnización y descontarlos del nuevo presupuesto. Teniendo en cuenta que se lo han encargado al mismo…

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (8 de abril de 2010)


Un paseo extraordinario

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 19/11/2009

Foto

Empiezo en la plaza de España. El monumento a la Inmaculada está rodeado por unas vallas. Están instalando un belén. Alzo la mirada, hacia el balcón de mi casa, y la puerta está abierta. Juraría haberla cerrado. Ahora que caigo, las obras no han cambiado nada el aspecto de la plaza.

Subo por San Sebastián, donde de pronto veo un cartel de Protelec que nunca había visto en la pared de una casa. Hay coches aparcados en línea. Confuso, sigo hacia la calle de las Cruces. No la reconozco. Me da la impresión de que está más vieja que antes. Por mucho que busco mi coche por la zona, no lo encuentro.

En unos segundos, llego hasta Santa Clara. Todo está en silencio, aunque aquí sí siguen las obras junto al cementerio. Nunca me he sentido tan tranquilo y seguro en las calles de la deprimida barriada de José Antonio. Hay un operario de la limpieza baldeando sus calles y ha desaparecido el cartel de “se vende”, en una planta baja de estos pisos, que tanto me llamaba la atención.

En un plis plas, me veo frente a la casa de mis padres. Su coche está ahí, donde siempre, aunque, supuestamente, están en Cádiz. El parque Europa, por alguna extraña razón, se está vallando de nuevo. Hago una mueca de desconcierto.

Me percato de la más infame indiferencia que muestran todos los que pasan a mi alrededor. Figuras anónimas con rostros desenfocados. Si nadie me mira, yo sí que me siento observador. Libre e impune. Como el Gran Hermano. Por eso, decido, sin más motivación que la curiosidad, ir a casa del alcalde. Voy a cotillearle. Paso por delante, veo la puerta, pero antes de detenerme se me ocurre algo más atrevido. Intentaré colarme en la Base de Rota, ahora que nadie me dice nada. Mi gozo en un pozo, no he podido entrar. Así que de un salto, me encuentro en la Puntilla, viendo cómo el bar Los Cuatro Vientos sigue en pie.

Sin embargo, algo no cuadra cuando quiero seguir adelante. Todo se ha quedado parado y mi vista tiene ante sí una imagen difusa, pixelada. Un cartel aparece sin avisar. Se ha detectado un error. La omnímoda vista callejera (street view) de Google Earth desaparece de la pantalla de mi ordenador. Tendré que reiniciar el programa.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (19 de octubre de 2009)

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Regeneración sin Cambio

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 26/03/2009

pisos

SERÁ una hora buena cuando los vecinos de la barriada de José Antonio, la más sórdida de la ciudad, se hayan trasladado a los nuevos pisos que se van a construir al lado, junto a la ermita de Santa Clara. Respirarán mucho más tranquilos tras abandonar ese pozo degradante en el que han convivido durante años junto a policías y personas que se dedican a vender o consumir drogas dañinas, ilegales y de bajísima calidad. Personas que esperan en el callejón de la muerte, a pocos metros del cementerio. Pero los que se mudan a las nuevas viviendas son la gente ‘normal’. ¿Qué pasará entonces con los toxicómanos y narcos que hoy deambulan por José Antonio? ¿Acaso alguien piensa que con destruir los desvencijados bloques y cambiar a los vecinos de sitio se va a acabar con la podredumbre social? El punto de venta, como haría cualquier otra empresa, se mudará para satisfacer la demanda. Es lo que pasó con el Vietnam o con los propios pisos de Santa Clara (que sólo duraron una década).

A los vecinos ‘normales’ de José Antonio se les agota la paciencia esperando a que construyan las nuevas casas, que para eso ya se ha allanado el camino: demoliendo fincas enteras, remodelando el tráfico, y eliminando una vía pecuaria que cruzaba la zona desde tiempos remotos y que impedía el inicio de las obras. Llevan años esperándolo. La mejora urbanística es esencial para que estos ciudadanos tengan cierta calidad de vida.

Pero los otros ciudadanos, los de aspecto mugriento, mirada perdida y voz nasal, no lo tendrán fácil para salir de su abismo. A buen seguro, encontrarán otro lugar donde poder negociar su aliento vital a costa del alma. Los narcos abrirán nuevas sucursales en otros barrios fáciles de corromper y seguirán con su historia. Eso sí, sin molestar a la competencia de otras zonas con mejor aspecto, donde también se pueden adquirir drogas ilegales aunque a precios más exclusivos.

Cuando se inauguren las relucientes viviendas en Santa Clara todos aplaudirán el futuro halagador que se presenta ante los inquilinos, y los responsables políticos del cambio se apuntarán el tanto. La imagen del barrio ha sido regenerada, dirán a boca llena. Mientras tanto, otra zona de la ciudad caerá en desgracia.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (26 de marzo de 2009)

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