*CONEXIÓN CASTILLITO*

Época de fantasía

Posted in Artículos, Relato by Alejandro Barragán Luna on 17/12/2018

contrapesosAhí está esa pista de hielo natural, artificialmente, y me patinan los recuerdos uno tras otro: Esas nevadas, que dejaban los naranjos de la calle Larga bajo un manto de corcho sueco. La gente, montando cada copo con sus propias manos, siguiendo un brevísimo manual de instrucciones en esperanto. Y esas luces de navidad de a veinte duros que, en cambio, se montaban solas, al son de himnos sin letra. Esas manadas de renos bravos cruzando Vistahermosa, guiando a los turistas con sus cascabeles de piedra ostionera. Esos duendes verdes en situación irregular, que iban de casapuerta en casapuerta, metiendo en los buzones propaganda de la última tasca. Y esas risueñas hadas, que acababan sirviendo ajocaliente en terrazas mal abrigadas, por un mísero sueldo lapón. Esas cabalgatas de ministros chirigoteros y majorettes traperas. Esos campanilleros que traficaban con muérdago y acebo mientras firmaban christmas benéficos, ¡con un bolígrafo!

Aquellas zambombas digitales que cambiaban de color según el tono y que ya incluían conexión de diente azul. Y qué decir de aquellas otras zambombas, las de origen sherry, que pronto se fundieron con erizos metropolitanos, pestiños y mascletás, y ya no hubo quien les quitara la tilde final. Y esos niños ávidos de juegos artificiales, afinando sus panderetas, que sólo traían un villancico, pregrabado por la coral apropiacionista flamenca de Minnesota, ganador de un premio desconocido.

Y esas casas neopostradicionales, con sus belenes sin figuritas porque hacían cola en un limbo legal y apátrida. Esos arbolitos, antaño subvencionados por la Junta, que se tornaron chumberas en tiempo de higochumbos, facilitando mucho la colocación de las bolas chinas, tan frágiles. Las mesas-camilla, carbonizadas por las chimeneas sin tiro que tan de moda se pusieron con olor a leña. Y anda que esas croquetas de jengibre y arándanos de la abuela inundando la cocina. Esos turrones sabor barbacoa. Esos macpolvorones…

Qué recuerdos de ilusión. Qué época de fantasía.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (17 de diciembre de 2018)

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El Oráculo

Posted in Artículos, Relato by Alejandro Barragán Luna on 05/11/2018

listonesCada vez que voy al Oráculo, se repite más o menos la misma secuencia. Sala de espera con gente que tose sin saludar y que mira su móvil al mismo tiempo. Carteles en diferentes idiomas de corridas de toros del futuro. Anuncios de empresas municipales y no tanto. La puerta del despacho que se abre. Mi nombre que sale de dentro pronunciado en voz alta. Yo que me levanto y accedo.

La licenciada en Oráculo (antes había auxiliares también, pero ya no) me mira a los ojos y decide cuál es mi duda. No tengo que decir nada, obviamente. La experta ya lo sabe. Por algo es servidora pública. Extiende sin orden unos pequeños artilugios sobre la mesa, que bien podrían ser huesecillos de algún mamífero inferior, y los mira tal cual se disponen. Carraspea y me mira por encima de sus gafas de cerca.

Hasta aquí, la escena siempre es más o menos igual. Sin embargo, en esta ocasión, la licenciada tarda en comentar la jugada. Parece sorprendida por el mensaje de sus piedrecitas amorfas. Como si viera en ellas la cara de Bolsonaro bailando sevillanas. Levanto las cejas para animarle a que se explique. ¿Qué ocurre?

Finalmente, la profesional que me atiende dice con voz de pitonisa: pagarás, pagarás por todo esto y más, aunque haya bonos descuento para familias numerosas y grupos de turistas. Mi confusión se solidifica. Yo no voy al Oráculo para que me amenacen, me quejo. Pienso que debe haber un error. Como si se hubiera traspapelado mi expediente con el de un alto cargo del PSOE local. No puede ser.

La licenciada mira el ordenador, tratando de confirmar mis datos y termina diciendo: antes veníais a preguntar por la guerra, si iba bien y tal, pero ahora solo venís preguntando por lo vuestro. Qué hay de lo mío, qué hay de lo mío, dramatiza la profesional. Pues nada, esto es lo que hay: un futuro igual para todo el mundo. Y son cincuenta pavos. Gracias.

Y así me me voy esta vez del Oráculo, ya privatizado del todo, saliendo de la sala con cara de imbécil pero con el futuro mucho más claro.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (5 de noviembre de 2018)

Nomenclator

Posted in Artículos, Relato by Alejandro Barragán Luna on 22/10/2018

IMG_20181021_163812La viñeta comienza con Nomenclator*, el rotulador de calles, bajando por la calle Comedias a hurtadillas, embutido en su chupa de cuero y sus gafas de sol. Vengo del futuro y busco a Sarah Connor, va susurrándole a la gente, como si a la gente le interesara su gracieta. Pero no es una gracieta en realidad, sino que se ha quedado loquito, el pobre. Atrapado en el fuego cruzado de la discusión de la temporada, entre todos le pidieron lealtad y entre todos lo marearon. Tanto le afectó lo del debate de los cambios en el callejero, sí.

Desde entonces, parsimonioso y justiciero, Nomenclator se dedica a ir rótulo por rótulo, placa por placa, para tachar los nombres de las calles con espray negro, volviendo también locos a carteros, turistas y repartidores de pizza. Ya le da igual que sean nombres de comestibles, poetas rojos, alcaldes fachas o caballeros del zodíaco. Arrasa con todo. Saca la pintura y, zas, ya no hay nombre.

En los últimos días, le ha perseguido, sin éxito, toda clase de defensores del callejero viviente y enamorados de la toponimia, familiares ofendidos de la bajamar, amigos eternos del marisco, técnicos municipales, historiadores latifundistas, legalistas del por la cara, talibanes de los bolos, las cruces y los pozos dulces, herederos de Santa Lucía y Pagador, y un cansino etcétera. Todos locos por ponerle a caldo en las redes ante su afán pintor. Pero ya, justo hoy, parece que nadie le echa cuenta. Pobre Nomenclator, que ya ni tiene que dar explicaciones. No dice nada, salvo la bromita de Sarah Connor. Ni siquiera responde a mis preguntas.

Sin embargo, es precisamente en la calle Comedias donde Nomenclator ha detenido su cruzada pirata contra el callejero. Comedias. Lo lee y lo vuelve a leer. Le conmueve ese nombre. Comedias. Se guarda el espray y deja intacto el rótulo. Se va. La viñeta finaliza con Nomenclator que grita Sayonara Baby (Hasta la vista, en el manuscrito original), mientras hace entrega de su dimisión hasta las próximas elecciones.

*Pronúnciese Nomencleitor, que para eso no le ponemos tilde.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (22 de octubre de 2018)

Quejas de playa

Posted in Artículos, Relato by Alejandro Barragán Luna on 27/08/2018

20180807_190447Está quien se queja de la marea, que está demasiado alta y atrae a muchos mosquitos y otros seres invasores. Está quien se queja de la arena, que hay demasiada, que se adhiere a la ropa como famélicas garrapatas (losmuertolarena, profieren).  Y quien se queja de las algas, que atraen piojos revolucionarios o casi, que lo ha leído en algún sitio. Y quien se lamenta del calor, que derrite sus helados con demagogia ecologista (¿Quién prohibió el aire acondicionado en la playa?, se pregunta a diario).

Está quien protesta por la cantidad de tatuajes que acaban afeando el horizonte, impidiendo ver los lunares y los granos y las estrías y las celulitis que se asoman más allá de los bañadores. Y quien se entristece porque el olor de la crema solar le recuerda a los puestos de la feria cuando uno coge el camino a casa. Y quien raja de los filetes empanaos, porque vaya tela los filetitos (¿?).

Y luego está quien se molesta por el hombre que lleva doce sombreros en la cabeza, uno debajo de otro, y eso no es normal, pues las reglas del mercado dictan otra cosa. Y aquél que dice a mala leche que los camarones que vende el de blanco son del Mercadona, que está segurísimo. Y quien denuncia que hay mucha clase trabajadora bañándose, con lo que suda esa gente, dejando el agua toda aceitosa. Y quien critica que hay mucho desempleado en la playa, pudiendo estar en casa delante de la tele y no aquí, aprovechándose del sol que pagan otros (nosotros, por supuesto) mediante impuestos. Y quien se ofende porque el negro que vende paños coloristas no representa a nadie, que nadie le ha votado y míralo, ahí está aprovechándose de la orilla. Y hasta está quien clama al cielo porque que nunca ve al alcalde (u otro famoso) en bañador, mostrando su pelo en pecho, porque una autoridad digna del pueblo ha de remojarse las chanclas, saludar al que pase por su lado y hacerse fotos con sus fans mientras las olas le salpican.

Y luego está quien se baña, sonríe, dice un par de carajotás y tira palante.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (27 de agosto de 2018)