*CONEXIÓN CASTILLITO*

El señor Konéctez

Posted in Artículos, Fábula, Relato by Alejandro Barragán Luna on 11/02/2019

IMG_20190210_182622Imagino al señor Konéctez como un señor ordenado, impoluto, como el vestíbulo de un hotelazo, así, esterilizado, de ésos vestíbulos en los que el suelo podría servirte al mismo tiempo de espejo y de plato para rebañar la cena con la lengua, de tan limpio que está. Al señor Konéctez le importa un mojón, hablando en latín, los 200 trabajadores que tiene a su cargo en El Puerto. Lo más probable es que no los haya visto nunca, pero puede que sí, que viniera de visita algún día y se hiciera una amable foto de grupo para colgar en el despacho del gerente. No lo sé, la verdad. No contrasto ya nada últimamente. Esto sólo es una fabulación poética; ni si quiera es una opinión, porque opiniones hay ya tantas que hacen interferencias y huelen a dogmas de fe con aire medieval. Y yo, si hay que opinar, lo hago en la plazoleta, no aquí, donde no puedo rectificar nada.

Pues un día, al señor Konéctez se le encienden las luces de la frente, pues así lo imagino, con luces en la frente, y decide cerrar la planta portuense y llevarse a la gente a un pueblo de Sevilla y a Castilla. Le importa un mojón que así rompan sus vidas en familia. Quizás ni lo haya pensado. Tal vez no sea una decisión suya, sino de un subalterno, pues él está a otras cosas más gordas. Como hacer negocios con multinacionalistas, hablar de millones sonantes, comprar a un banco famoso su propia alma, con la ayuda de un no sé qué de capital de riesgo. Cosas así. A lo mejor, al señor Konéctez no le gusta usar la expresión capital de riesgo porque suena a piratería, a inmoralidad. O puede que sí le guste usarla porque muestra valentía, talento, progreso y otras emociones humanísimas. Yo qué sé. A tanto no llego.

Al señor Konéctez le importa un mojón que haya cientos de personas acordándose de él y de su estirpe cada noche. Después de todo, el señor Konéctez vela por sí mismo. Está preparado, ha de estarlo, por si algún día a un listillo le da por prohibir el trabajo precario. Acabaría manchándose la ropa. Y eso sería el fin.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (11 de febrero de 2019)

Una de croquetas

Posted in Artículos, Relato by Alejandro Barragán Luna on 28/01/2019

img_20180922_232216Un chavalito norteamericano (uno concreto, no cualquiera) viene de vacaciones y se lleva de recuerdo unas croquetas que hice el otro día. Mira que le he ofrecido jamón, gambas, unos salmonetitos fritos, un plato de berza. Pues lo que le entusiasma al chaval son las croquetas. El chaval, de vuelta en su pueblo allende el océano, cuenta a sus colegas lo deliciosas que están, enseñándoles un táper transparente donde las guarda, ya frías. Los colegas alucinan y le rodean para tocar las croquetas. Cuando llega a casa, deposita el táper en su escritorio y se lanza a escribir una redacción sobre su familiar viaje vacacional. La redacción pronto se convierte en un relato épico, cuyo protagonista es, ni más ni menos, un comedor de croquetas, que busca la receta perfecta. El chavalito aprovecha la inspiración y genera un cuento de aventuras y espionaje industrial. Las croquetas siguen ahí, en el táper, cada vez más mustias, secas. El protagonista del cuento en realidad es, no podía ser de otra forma, su alter ego, una proyección del propio chavalito y se pasa todo el día degustando croquetas de bar en bar. Al día siguiente, el chavalito desayuna algo con grasa y emulgente, se va al cole y cuando vuelve, sube corriendo a ver su táper con las croquetas extranjeras. Prefiere no abrir la tapa por si huele mal y reza para que no se desintegren rápidamente.

A todo esto, el padre, cansado de ver la tele, coge el móvil para ver qué audiencia virtual tiene la foto que le hizo al táper en el aeropuerto. Cuál es su sorpresa, que comprueba que hay miles de historias con la misma etiqueta (#croquetas), y entre ellas, la de un niño (otro american niño) que se ha hecho famoso por hablar bien de las croquetas de un famoso freidor, famoso por su marisco (aquí, no en el medio oeste). El padre, con cara de negocio, mira a su mujer y le dice: Gordi, llama al Pentágono, y que me pongan con el departamento de inversiones de ultramar, que quiero invertir en croquetas y voy a necesitar ayuda, pero ya.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (28 de enero de 2019)

Época de fantasía

Posted in Artículos, Poesía en prosa, Relato by Alejandro Barragán Luna on 17/12/2018

contrapesosAhí está esa pista de hielo natural, artificialmente, y me patinan los recuerdos uno tras otro: Esas nevadas, que dejaban los naranjos de la calle Larga bajo un manto de corcho sueco. La gente, montando cada copo con sus propias manos, siguiendo un brevísimo manual de instrucciones en esperanto. Y esas luces de navidad de a veinte duros que, en cambio, se montaban solas, al son de himnos sin letra. Esas manadas de renos bravos cruzando Vistahermosa, guiando a los turistas con sus cascabeles de piedra ostionera. Esos duendes verdes en situación irregular, que iban de casapuerta en casapuerta, metiendo en los buzones propaganda de la última tasca. Y esas risueñas hadas, que acababan sirviendo ajocaliente en terrazas mal abrigadas, por un mísero sueldo lapón. Esas cabalgatas de ministros chirigoteros y majorettes traperas. Esos campanilleros que traficaban con muérdago y acebo mientras firmaban christmas benéficos, ¡con un bolígrafo!

Aquellas zambombas digitales que cambiaban de color según el tono y que ya incluían conexión de diente azul. Y qué decir de aquellas otras zambombas, las de origen sherry, que pronto se fundieron con erizos metropolitanos, pestiños y mascletás, y ya no hubo quien les quitara la tilde final. Y esos niños ávidos de juegos artificiales, afinando sus panderetas, que sólo traían un villancico, pregrabado por la coral apropiacionista flamenca de Minnesota, ganador de un premio desconocido.

Y esas casas neopostradicionales, con sus belenes sin figuritas porque hacían cola en un limbo legal y apátrida. Esos arbolitos, antaño subvencionados por la Junta, que se tornaron chumberas en tiempo de higochumbos, facilitando mucho la colocación de las bolas chinas, tan frágiles. Las mesas-camilla, carbonizadas por las chimeneas sin tiro que tan de moda se pusieron con olor a leña. Y anda que esas croquetas de jengibre y arándanos de la abuela inundando la cocina. Esos turrones sabor barbacoa. Esos macpolvorones…

Qué recuerdos de ilusión. Qué época de fantasía.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (17 de diciembre de 2018)