*CONEXIÓN CASTILLITO*

Juego de Pascua

Posted in Artículos, Experimentación by Alejandro Barragán Luna on 23/04/2019

patolimonOs propongo un juego. Cerremos los ojos y tratemos de leer con la mente las siguientes instrucciones. Usemos la imaginación, la meditación, la hipnosis. Lo que sea, con tal de no mirar las letras. Reflexionemos ahora sobre todo lo que ha pasado esta última semana. Lo que hemos vivido en nuestro entorno más cercano: reuniones familiares (en mi caso, incluidos, oh, los cumpleaños de mi padre y de mi hermano), reencuentros con colegas, penitencias varias (quienes hayan pecado, claro, ya sea por fervor, costumbre, vicio o temeridad), visionado de procesiones (a mí es que se me han olvidado, la verdad), paseos por la playa o por vuestro centro comercial de referencia, cubatas a la sombra, cervezas al solecito, viajes de placer estresante. Cosas así. Pensad, pensad. Algo encontraréis.

Podéis pensar en lo que se nos viene encima con el sainete de líderes políticos, dándolo todo y haciendo horas extra remuneradas en diferido. O, yo qué sé, pensemos en el incendio de Notre Dame, la destrucción de Siria, las fábricas de Bangladesh, Haití, las islas de basura, la falta de alumbrado en barriadas periféricas, las lavadoras que tienes que poner. Lo que queráis. Se trata de reflexionar a fin de cuentas. De ordenar nuestras cabecitas, de indagar en vuestros corazones, de generar microanálisis sociopolíticos.

Este juego lo ganáis si de verdad me hacéis caso y conseguís imaginar vuestro propio artículo de opinión de Pascua. Os ofrezco este espacio, más que nada, porque yo, lo que es yo, estoy a cero, sin ganas de abrir llagas, ni de contar fábulas hipocondríacas o poemas que no entiende ni el tato. Esto, por si no habéis caído, lo escribí este domingo, y quería aprovechar el día para leerme una novelita y estar con los míos sin hacerles perder el tiempo.

Lo siento si te ha decepcionado el juego que he propuesto. Pero está claro que si has llegado hasta aquí es que has hecho trampa y no has cerrado los ojos como dije al principio. Y si no querías jugar, ¿para qué has leído todo esto?

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (23 de abril de 2019)

Ser un troll

Posted in Artículos, Experimentación, Reflexiones by Alejandro Barragán Luna on 08/04/2019

20190130_084947A veces me entran ganas de convertirme en troll. Ponerme por ahí a desparramar opiniones, regurgitar doctrinas, sentar cátedras sobre asuntos espinosos como corvinas, injuriar a los disidentes. Iría desmontando, una a una, todas esas parrafadas que me encuentro en los comentarios de cualquier portal web. Dogmatizando a la peña, escolarizando a los que no se callan, adoctrinando a sus hijos, iluminando a los oscuros y a los grisáceos. Humillando perspectivas y posturas ajenas. Mancillando argumentos y bulos cocinados en las cloacas. Sabéis a lo que me refiero: Hay que, tenemos que, tienen que.  Arreglemos el universo empezando por la ribera del Río o viceversa.

Me entran ganas de ser un troll, de vez en cuando, para irrumpir al abordaje en las redes sociales, construyendo verdades incontestables, debatiendo con napalm en mi boca, sembrando acusaciones contra alcaldes que quieren hacer trampas, no trabajar y seguir cobrando, o contra policías que escriben poemas numéricos en sus bloc de notas, o contra los apresurados que pilotan patinetes eléctricos, o contra la colonización alienígena. Esos temas que te hierven. Tú ya sabes.

Ser troll no es bueno. El troll es capaz de herir sentimientos desde el anonimato y lo intenta constantemente. Supuestamente, es un ser solitario, aunque viva rodeado de sus semejantes. Y nadie le puede cambiar. Debo aclarar en este punto que Shrek no era un troll, sino un ogro. No sé por qué la gente se confunde con este importante detalle.

Por eso al final siempre me resisto. Para luchar contra la tentación de convertirme en troll lo primero que hago es apagar la pantalla, y luego, a ver, pues desempolvar un libro, tocar la guitarra, escuchar música, limpiar la casa, bueno, limpiar no, que eso lo hago en otro momento, dar paseos, ordenar las fotos antiguas, ojear un mapamundi, descabezar gambas, sacrificar muebles de Ikea, bailar cumbia delante de mis hijos, decir pamplinas, escribir puñetas pequeñitas… Y me funciona, la verdad. Probadlo.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (8 de abril de 2019)

El señor Konéctez

Posted in Artículos, Fábula, Relato by Alejandro Barragán Luna on 11/02/2019

IMG_20190210_182622Imagino al señor Konéctez como un señor ordenado, impoluto, como el vestíbulo de un hotelazo, así, esterilizado, de ésos vestíbulos en los que el suelo podría servirte al mismo tiempo de espejo y de plato para rebañar la cena con la lengua, de tan limpio que está. Al señor Konéctez le importa un mojón, hablando en latín, los 200 trabajadores que tiene a su cargo en El Puerto. Lo más probable es que no los haya visto nunca, pero puede que sí, que viniera de visita algún día y se hiciera una amable foto de grupo para colgar en el despacho del gerente. No lo sé, la verdad. No contrasto ya nada últimamente. Esto sólo es una fabulación poética; ni si quiera es una opinión, porque opiniones hay ya tantas que hacen interferencias y huelen a dogmas de fe con aire medieval. Y yo, si hay que opinar, lo hago en la plazoleta, no aquí, donde no puedo rectificar nada.

Pues un día, al señor Konéctez se le encienden las luces de la frente, pues así lo imagino, con luces en la frente, y decide cerrar la planta portuense y llevarse a la gente a un pueblo de Sevilla y a Castilla. Le importa un mojón que así rompan sus vidas en familia. Quizás ni lo haya pensado. Tal vez no sea una decisión suya, sino de un subalterno, pues él está a otras cosas más gordas. Como hacer negocios con multinacionalistas, hablar de millones sonantes, comprar a un banco famoso su propia alma, con la ayuda de un no sé qué de capital de riesgo. Cosas así. A lo mejor, al señor Konéctez no le gusta usar la expresión capital de riesgo porque suena a piratería, a inmoralidad. O puede que sí le guste usarla porque muestra valentía, talento, progreso y otras emociones humanísimas. Yo qué sé. A tanto no llego.

Al señor Konéctez le importa un mojón que haya cientos de personas acordándose de él y de su estirpe cada noche. Después de todo, el señor Konéctez vela por sí mismo. Está preparado, ha de estarlo, por si algún día a un listillo le da por prohibir el trabajo precario. Acabaría manchándose la ropa. Y eso sería el fin.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (11 de febrero de 2019)

Una de croquetas

Posted in Artículos, Relato by Alejandro Barragán Luna on 28/01/2019

img_20180922_232216Un chavalito norteamericano (uno concreto, no cualquiera) viene de vacaciones y se lleva de recuerdo unas croquetas que hice el otro día. Mira que le he ofrecido jamón, gambas, unos salmonetitos fritos, un plato de berza. Pues lo que le entusiasma al chaval son las croquetas. El chaval, de vuelta en su pueblo allende el océano, cuenta a sus colegas lo deliciosas que están, enseñándoles un táper transparente donde las guarda, ya frías. Los colegas alucinan y le rodean para tocar las croquetas. Cuando llega a casa, deposita el táper en su escritorio y se lanza a escribir una redacción sobre su familiar viaje vacacional. La redacción pronto se convierte en un relato épico, cuyo protagonista es, ni más ni menos, un comedor de croquetas, que busca la receta perfecta. El chavalito aprovecha la inspiración y genera un cuento de aventuras y espionaje industrial. Las croquetas siguen ahí, en el táper, cada vez más mustias, secas. El protagonista del cuento en realidad es, no podía ser de otra forma, su alter ego, una proyección del propio chavalito y se pasa todo el día degustando croquetas de bar en bar. Al día siguiente, el chavalito desayuna algo con grasa y emulgente, se va al cole y cuando vuelve, sube corriendo a ver su táper con las croquetas extranjeras. Prefiere no abrir la tapa por si huele mal y reza para que no se desintegren rápidamente.

A todo esto, el padre, cansado de ver la tele, coge el móvil para ver qué audiencia virtual tiene la foto que le hizo al táper en el aeropuerto. Cuál es su sorpresa, que comprueba que hay miles de historias con la misma etiqueta (#croquetas), y entre ellas, la de un niño (otro american niño) que se ha hecho famoso por hablar bien de las croquetas de un famoso freidor, famoso por su marisco (aquí, no en el medio oeste). El padre, con cara de negocio, mira a su mujer y le dice: Gordi, llama al Pentágono, y que me pongan con el departamento de inversiones de ultramar, que quiero invertir en croquetas y voy a necesitar ayuda, pero ya.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (28 de enero de 2019)