*CONEXIÓN CASTILLITO*

La familia feliz del verano (II)

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 14/08/2017
herradura

herradura

Hace quince días, narrábamos la llegada de la familia feliz del verano a la ciudad, que venía en son de progreso triunfante. Madre, padre y tres hijos de edad aborregada gentrificaban un piso en un barrio mustio y planificaban un mes de ocio non stop de calidad suprema.
Así pues, lo primero que hacen todos los días, a la hora de la siesta, es ponerse en la cola del museo de La Mar y El Vino, colosal infraestructura que cuenta con un fondo ingente de carteles explicativos. Como muchos otros, nuestra familia también adora los paneles interactivos y los auriculares retro con audioguía en siete lenguas. Pero tanto rato pasan en la fila que la madre termina entablando amistad con el guardia de la ecotienda de souvenirs mientras sus hijos dibujan un plano perfecto de los baños, de tanto entrar -dicen- a mirarse los granos. El padre, a lo suyo, se entretiene subrayando erratas en el prospecto-web del museo.
Sin embargo, nunca entran. Siempre les entra el pellizco del aperitivo justo cuando quedan por delante tres interesadísimos museófilos con camisetas del Liverpool. De forma que cada noche, salen despavoridos hacia la terraza del mejor bar posible, vomitados sobre la única mesa disponible de todo el universo tangible. No sin antes recurrir al despilfarro y aflojar varios billetes a la aparcacoches sueca que les cuida el tanque camuflado.
Cada noche, una misma camarera les recibe con una genuflexión y saluda cumpliendo escrupulosamente con la ley laboral. A continuación, les ofrece la carta de alérgenos con retazos de comida (la bebida siempre es la misma: glutamato cero para los cinco). Esta noche eligen, por coquetería, unos cuenquitos de conservantes gluten free y tostas de anisakis pasteurizados. Cierto es que no les hace mucho chiste, pero el patriarca -y esto es lo importante- acaba pagando con una tarjeta tan altruista como su sonrisa. La sonrisa de quien perdona la vida del proletariado por puro amor vacacional.
(Dentro de quince días, el final de la historia).

(El capítulo anterior, aquí).

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (14 de agosto de 2017)

La familia feliz del verano (I)

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 31/07/2017
moscas

moscas

Por la cuesta del Aquasherry, vemos bajar a toda velocidad un tanque climatizado, disfrazado de todoterreno rociero. Si pudiéramos acercarnos, veríamos en su interior a dos adultos y tres menores haciendo como que cantan felices como pascuas. Es nuestra familia protagonista y perfecta, que llega a la ciudad, tarareando zarzuelas completas, para pasar un mes entero entre nosotros. Llegan cargados de dólares y pretenden, voluntariamente, darle al play de la compungida economía local.
En un barrio desportillado, alquilaron hace tres meses un apartamento turístico con mueble bar, servicio de habitaciones e inhibidores de frecuencia. Requisito indispensable: no debe tener piscina en forma de corazón ni animador sociocultural trilingüe licenciado en periodismo. Lo que buscan es ejercer la caridad en un barrio exótico que huela a puchero y donde la gente hable a gritos, como en los documentales.
Tal y como estaba estipulado en el contrato, lo que les recibe en el umbral de la casapuerta es un grupo itinerante de mariachis aflamencados, que se marcan unos tanguillos muy de la zona. Los músicos parecen haber cotizado en diferido. Quizás por ello, a los niños les da reparo aplaudir. Sus padres, sin perder un segundo, se distraen sacando del coche los sacos de ropa y los arcones de productos reafirmantes y rehidratantes.
El patriarca le pide al botones información de todos los eventos de pago que haya en agosto. Los tres hijos quieren ir a la playa, pero la madre se niega porque es gratis. Mejor será ir al parque acuático que vieron al llegar. Economía, niños, economía, recita la madre a sus tres hijos. Éstos, sentados en paralelo en el sofá, comienzan a rascarse la barriga al compás. El padre, finalmente, organiza en voz alta el plan a seguir en los próximos treinta días: mucha marcha, mucha marcha, dice el hombre, tremendamente obsoleto. Su familia, a su debido momento, se reirá del plan. Pero por ahora, asentirán como buenos miembros de familia feliz.
(Continuará en quince días).

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (31 de julio de 2017)

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Tradición

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 17/07/2017
radios

radios

La tradición me recuerda que ayer fue el día de la patrona de los marineros, y por tanto, el santo de mi madre. O al revés, me acordé de que era el santo de mi madre porque coincide con el día de los marineros. Yo no celebro ni las patronas ni los santos (los cumpleaños, sí). Cuando niño, la gente, en general, me felicitaba por mi santo cuatro veces al año, por lo menos. Nadie acertaba la fecha correcta, que era el dos o el tres de mayo, no recuerdo bien. Mi abuela paterna, Leontina, era quien se sabía el día concreto. Solía regalarme una moneda. Una vez, me regaló una de quinientas pesetas. A día de hoy, no celebro ni mi santo ni el patrón de los periodistas, que no son rentables (ni el patrón, ni los periodistas ni San Alejandro Papa). Ya no felicito a nadie. Ni a mi madre. No por esnobismo, en absoluto, sino por ignorancia desinteresada. Prefiero preguntar antes que felicitar. Pregunto quién fue San Alejandro Papa y nadie me contesta. No quiero buscarlo en Google. Quiero que alguien me cuente quién fue, cuándo nació y dónde (a qué se dedicaba, no hace falta), qué hizo para ser santo. A ver si me parezco. Si tengo algún elemento común con él, puede que me replantee el concepto de las festividades, como la de ayer, día de la patrona protectora de los marineros. Los marineros fueron multitud en esta ciudad hasta hace unas décadas. Hoy ya no. Hoy queda el fervor y la tradición y las terrazas de los bares. Hoy las multitudes portuenses no se embarcan, efectos de la globalización, la tilapia, el panga y el Mercadona. Hoy son multitud otras gentes, que ansían, sin menoscabar la de ayer, la protección de su patrona particular: la de las camareras, la de los desempleados, la de las abuelas kanguro. Puede que ya existan, pero lo que no tienen son procesiones. Y no se por qué. Tendrían muchos seguidores y se llenarían las terrazas de los bares más a menudo. La rentabilidad es condición indispensable para el mantenimiento, en la actualidad, de una auténtica tradición.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (17 de julio de 2017)

Las colillas y los niños C

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 03/07/2017

IMG_3559He visto a niños C lanzar colillas a la arena de la playa de Tannhäuser, que luego, muchas pero no todas, se perderán, como lágrimas en la lluvia, con la marea y los temporales de levante. Les he visto contarlas una a una, como quien cuenta ovejitas eléctricas para dormirse, por la simple diversión de cuantificar su propia inmundicia. Claro que también les he visto sembrar cuidadosamente botellas, plásticos y envoltorios vacíos, con la esperanza de que los androides los cosechen con éxito al día siguiente, los traten y los transformen en ladrillos de acetato de celulosa, para construir bellos rascacielos, estaciones intermodales o resplandecientes palacios de congresos en desuso.
He visto niños C discutiendo con sus dispositivos móviles, que se han declarado en rebeldía por exceso de jornada y condiciones laborales pésimas. Les he visto tomar el sol escondiendo sus cabezas y prestando nula atención a sus congéneres, que se pasan el día revolcándose en la arena como si fueran cerdos enharinados. Les he visto amonestar a sus padres por hablar de metapolítica con la boca llena y luego bañarse sin hacer la digestión. He visto a esos niños C competir contra familias enteras por un hueco en la arena seca para plantar sus sombrillas retráctiles y sus neveras iridiscentes y sus equipos de alta fidelidad y sus mesas y sillas y sus estandartes y sus bibliotecas y sus aparadores y sus baúles y sus armarios empotrados. He visto niños C gesticulando como caciques, gritando a los camareros con alaridos que alcanzarían Andrómeda antes que la luz, para reclamar sus derechos conculcados como consumidor civilizado. He visto niños C batirse en duelo con otros niños C, en sus coches en llamas, luchando por una plaza de aparcamiento libre más allá de Orion.
He visto cosas que vosotros, gente, no creeríais. Todos esos niños C, trajeados y perfumados, implorando respeto por sus sueños alienígenas que brillan en la oscuridad, mientras claman: “replicantes, es la hora de ir a la playa”.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (3 de julio de 2017)

Entrevistas folclóricas

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 19/06/2017

IMG_2771La entrega de currículos en un bar de copas para optar a un empleo medianamente público de socorrista de playa es, cuando menos, un hecho folclórico. La noticia, recientemente conocida, me hace recordar una historia que me ocurrió a mí hace ya muchos años y que os quiero contar aunque no tenga nada que ver, salvo por lo folclórico, y sin afán de ser moralizante.

Un día, un humano me citó para una entrevista de trabajo en un conocido restaurante de El Puerto. Llegué con puntualidad cuántica a la una y treinta de la tarde y me recibió acodado en la barra, con una cerveza a medio tomar y unas patatas fritas a medio acabar. Tras pronunciar mi nombre real, nos dimos un fuerte apretón de manos, como si hubiéramos firmado un negocio redondo.

Entonces me hizo la primera pregunta, y última, de la entrevista: ¿Qué tomas? Un zumo de naranja, contesté, sabiendo que si pedía alcohol condicionaría la opinión que tendría de mí. A partir de ahí, la cita se convirtió en un monólogo con una cantidad inverosímil de andanzas, entuertos y anécdotas poco digeribles. En más de una ocasión, traté de interrumpir su larga exposición de motivos, para humanizar mi talante y dejarle claro que yo también tenía opiniones e incluso podría estar de acuerdo en su tesis sobre la falta de agua en Marte. En alguna pausa efímera, solté un rápido “ah, sí, eso es verdad”, pero él hizo caso omiso, con la mirada perdida en la entrada de los baños e inmediatamente dio un trago a la cerveza. En seguida cambió de tema y comenzó a darme explicaciones sobre por qué sus hijas preferían la gimnasia rítmica a las clases de guitarra.

Mi currículum, guardado en una fina carpeta negra, iba entrando en combustión. Comencé a dar sorbos lentos al zumo: algo tenía que hacer para no parecer el nieto de aquel humano. De pronto, se irguió sobre el taburete, pidió la cuenta y con una enorme sonrisa, me volvió a dar la mano, y sin soltarla, me invitó a su oficina dos días más tarde. Folclóricamente, conseguí el trabajo y yo sin saber por qué.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (19 de junio de 2017)

Un mensaje despacito

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 05/06/2017
barril

barril

Es evidente que Despacito, temazo del año, oculta un mensaje satánico entre sus letras. No hay más que pararse a pensar, por ejemplo, en los versos que suenan así: “firmo en las paredes de tu laberinto, y hacer de tu cuerpo todo un manuscrito, sube, sube, sube”. Pueden leerlos otra vez, para comprobar que no bromeo. Es obvio que el autor pretende dejar escondida entre líneas una llamada de lo Oscuro, solo para que las cabezas bailantes capten su sentido a nivel inconsciente, tatuándose en el hipotálamo y así gobernarlos a todos, atraerlos y atarlos en las tinieblas.
También es evidente el mensaje ultravirilizado que se desprende de cada una de las estrofas y estribillos. Aquí, la obra de Luis Fonsi nos presenta al carismático supermacho del siglo XXI, con cuya sola mirada es capaz de hacer que una mujer se torne muñeca hinchable sin que proteste. “Ven, prueba de mi boca”.
Lo que no resulta tan evidente a oídos del gran público global es su marcado mensaje portuensista. Esto lo descubrí en la pasada Feria escuchando la canción por doquier, como un mantra, un himno. Por ello, quizás sólo un portuense (fíjense ya en la relación porteño-puertorriqueño que subyace en su etimología) será capaz de entender lo que digo. Si bien en cierto momento llega a decir Puerto Rico (genial guiño lingüístico), la letra de la canción es puro amor por El Puerto: apréciense los versos “tus lugares favoritos (favorito, favorito baby)”, “quiero ver cuánto amor a ti te cabe” y “hasta que las olas griten ay bendito”. ¿Qué otra cosa querría decir cuando canta “déjame sobrepasar tus zonas de peligro” o “tu belleza es un rompecabezas” si no es en referencia a nuestro patrimonio? No hay duda de que en El Puerto se va despacito, las obras van despacito, y las licencias, despacito, y los contratos públicos y las ayudas, despacito, y los juicios y las condiciones socioeconómicas, pasito a pasito, suave suavecito. Ni un pasodoble de comparsa alcanza tal nivel de lirismo metafórico. ¿Cómo iba, si no, el Vaporcito?

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (5 de junio de 2017)

El Gran Toro de la feria

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 22/05/2017

IMG_2952Dígame, no ha tenido mucho tiempo de prepararse para ser, una vez más, el Gran Toro, que todo lo ve, todo lo oye y todo lo sabe en la Feria, ¿cómo se siente? La verdad, es un orgullo y una satisfacción enorme ser la luz, simbólica, que ilumina todo el recinto ferial… ¿En serio lo dice? Bueno, no, lo decía porque es lo que suele decir en las entrevistas; en realidad es un suplicio estar ahí, seis días, sufriendo las inclemencias del levante y del calor. Nadie le ha preguntado si quería hacer esto, ¿no? Efectivamente, de un día para otro deciden levantarme, como un coloso de Rodas portátil, con prisas y sin mimo, y después, todo el mundo a hacerse fotos conmigo como atrezo. Si no son fotos, ¿qué otra cosa podría hacer la gente bajo su sombra? Pues mire, siendo yo el Gran Toro, que todo lo ve, todo lo oye y todo lo sabe, los fieles feriantes deberían rendirme pleitesía nada más entrar en el recinto: arrodillarse, encender un fuego purificador, sacrificar sus aplicaciones móviles, y gritar mi nombre verdadero tres veces mirando al cielo. Es un deseo bastante soberbio, ¿no cree? Claro, soy soberbio, soy el Gran Toro, se lo recuerdo, y represento un mito más antiguo que el de Matusalén. ¿Cuánto le van a pagar? Los dioses no cobramos, no tenemos convenio colectivo. Vamos, que sois como becarios. No me tire de la lengua. Los animalistas no han defendido sus derechos como toro que es. Ésos son todos ateos, probablemente me vean como un subproducto comercial. Sin embargo, siempre hay quien pretende hacer polémica con su labor de toro florero, cual mono de feria, mientras alguien se lleva un dinerito. Ya estoy acostumbrado a que me usen como arma arrojadiza y como diana al mismo tiempo; ser una divinidad en forma de toro en este país no es plato de buen gusto. ¿Por qué cree que le escogieron a usted entonces? Es muy simple, en realidad buscaban un político de forma humana, que todo lo viera, que todo lo oyera y que todo lo supiera, y que encima, no cobrara, pero nada, no lo encontraron.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (22 de mayo de 2017)

Mentar a la madre de uno

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 08/05/2017
hierro

hierro

Madre no hay más que una. La madre del líder norcoreano. La madre de Christine Lagarde. La madre de todas las bombas. La madre que me parió. Madre mía, qué cosas tienes. Madre Tierra o Pachamama. Madre de Dios. Calle Madre Amor de Dios (por la urbanización El Águila, Costa Oeste). La reina madre. La madre del rey. Madres de hoy. Mala madre. Madres de alquiler. Suegras. Madres forzosas. Madres solteras. Madres de día. Madres en la playa de la Puntilla. Madres conscientes. Madre de nueve criaturas. Te quiero, mami.  Madreselva. Masa madre para el pan. La madre del cordero. Matronatación. No hay madre que por bien no venga. Madre superiora. Madre Teresa de Calcuta, ya santa. La madre que te trajo, niño. Madres por horas, sin contrato y sin seguro. Ay, mi madre. Mentar a la madre de uno. La matriz inversa de algo. El ciento y la madre. Un desmadre total. Eres la mejor madre del mundo. Madres de Plaza de Mayo. Asociación de madres y también padres de alumnos del colegio tal y cual. Madre del amor hermoso. La gran madre patria. La experiencia es la madre de la ciencia. Por tu madre, no me falles ahora. Las tartas de mi madre. Mi madre en bici. Las croquetas de la abuela (doble madre). Todo sobre mi madre. Supermamá. Madre de dragones, la que no arde, rompedora de cadenas. ¿Tuvo Frodo Bolsón una madre? Luke, yo soy tu madre. Marco y su mono, de los Apeninos a los Andes. Sierra Madre, México. La madre, de Maxim Gorki. La madre de Bambi. Mutter, Rammstein (2001). Frank Zappa and the mothers of invention. Tarjeta madre o placa base. Mamma mia, here I go again. La madre tanto de la gallina como del huevo. Mare mare mare, no mate usté al pollo, que la gallinita quiere matrimonio. Madre del universo, motor de vida, el inicio de todo, la luz primordial, vientre inmortal. Ideas para sorprender en el día de la madre, que fue ayer, por si alguien no se había enterado, pero que yo celebro a deshoras, hoy por ejemplo, regalando no cosméticos ni perfumes sino perennes referencias fortuitas.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (8 de mayo de 2017)

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De libros

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 24/04/2017
plastilina

plastilina

Lo malo es que los libros no se pueden cocinar. Los puedes meter en el horno y les puedes echar alioli encima, pero no, no se comen. Arden fácilmente con el fuego y, encima, no soportan el agua, ni tampoco la cerveza, vino o refrescos, todo sea dicho, que después vienen los lamentos.
Lo malo es que no los puedes conectar al wifi para bajarte sus últimas ediciones. No los puedes tirar contra el suelo, ni lanzándolo desde un quinto piso, para que se desintegre, en aquellos casos en los que un arranque de cólera te incite a ello, a desintegrar cosas.
Lo malo es que hoy día, cuando no se les ignora directamente, se les cosifica con absoluta frivolidad. Vale que no los puedes hipotecar ni sirven de aval, eso está claro, pero se les trata como a meros libros florero, en serio. Poco menos que se les da el valor de un salero de plástico -ya sea una novela de Unamuno o el listín de las páginas amarillas. A veces, te encuentras con que te están vendiendo un libro el mismísimo día del libro (ayer, ¿no?) y mañana, si te he visto, no me acuerdo. Como si te vendieran un dentífrico en su supermercado.
Lo malo es que nos quedamos en el bookcrossing cuando faltan anglicismos que fomenten la lectura de libros analógicos entre jóvenes: más slow reading, finger paging o cosas así. Eso sí, a la juventud se la adiestra dándole -vendiéndole- libros falsos, descontextualizados o hipertextualizados, multimediáticos, con patrón de bloqueo y carátula luminiscente. Y mientras tanto no hay quien le explique a esa juventud que si compartes tus libros nadie podrá llamarte pirata. Y mira que es fácil adquirir libros de segunda mano por el precio de una tapa de ensaladilla, o libros nuevos por lo que cuesta una silla plegable de camping negra. Hasta existen sitios donde te los prestan gratis. Pero nada, así vamos. Que cuando te encuentras con un libro en las manos lo primero que piensas es en dónde lo vas a guardar.
Lo bueno, después de todo, es que todavía tenemos libros a nuestro alcance, incluso impresos.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (24 de abril de 2017)

Ultraidea para la llanura

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 10/04/2017

IMG_3063Veían languidecer la llanura gris y mustia. Preocupados, un grupo de conocidos se reunieron una tarde en la cafetería de un hotel, o en un chiringuito, y entre copa y copa llegaron a la conclusión de que esa llanura podría acoger un parque temático turístico industrial de corte neovisigodo. El más iluminado de todo el grupo sugirió que la ultraidea del megaproyecto serviría para crear 265.590 empleos directos. El segundo más iluminado, resoplando, como diciendo, no hombre, no te pases, optó por la prudencia y rebajó la cifra hasta los 87.493. A más de uno (en masculino, porque era un momento muy viril) la imagen de la llanura llena de rótulos de neón le provocaba espamos de éxtasis en el bolsillo. Habrá que llamar a un par de inversores y constituir una fundación o un consorcio, o un algo que tenga página web. Hay que organizar un macroevento para vender la moto, digo el proyecto (con el entusiasmo se trabucaban). Si hubieran tenido un piano al lado, alguien habría tocado jazz. Hay que convocar a la prensa y contarles la parte genial de la idea. Hay que prepararse un tocho de quinientas páginas sobre el medioambiente para protegernos de los comehierbas. Habría que invitar a los agentes sociales más punteros del momento a que se unan a la causa. En la subvención está la clave. Las propuestas surgían así, como espuma amarillenta en una lluvia de ideas (somos los ‘riders on the brainstorm’, fue la expresión que usó con gran maestría el más anglófilo). Ya ni siquiera veían el partido en la tele, ensimismados todos bajo una capa de gozo a largo plazo.

Pero ahí que apareció el de siempre, el aguafiestas de cara angelical que solo bebía té con limón, y comentó con desdén que el proyecto se parecía demasiado a ese que el Supremo ha sepultado en Puerto Real. Los demás miraron incómodos sus anillos y carraspearon. El ideólogo maldijo el derrotismo tan portuense de su amigo y disolvió la reunión.

En la llanura gris y mustia seguirían languideciendo cientos de farolas y naves vacías.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz, (10 de abril de 2017)