*CONEXIÓN CASTILLITO*

Diáspora y sus esporas

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 29/08/2016
pelota

pelota

Hay esperanza. Hay gente que organiza espectáculos, actividades culturales y otros devaneos irrentables, desrentables, antirrentables. Hay gente que participa, que crea, que se ilusiona, que produce, que construye, que deconstruye, que representa, que interpreta, que compone, que escribe, que recita. Hay gente que ve, que oye, que graba, que disfruta, que capta en imágenes, que atiende, que toca, que palpa, que huele, que vuela. Hay gente, todavía, que reclama la esperanza. Hay gente que suelta y esparce las esporas necesarias, fundamentales, para que la cultura no se pierda: la cultura crítica, no la otra (la de los desperdicios en las playas, en la tele, en los escaños y en los dispositivos móviles, por ejemplo).
Con pocos recursos, poquísimos, con grandes esfuerzos, grandísimos, con inmensa pasión, inmensísima, los de Diáspora, esta semana, me han recordado, una vez más, que quedan pocos, que son (somos) pocos, pero somos y estamos, los que existimos luego pensamos, como diría un Descartes ebrio. Y por eso, hay esperanza. Los de Diáspora, pero no solo ellos, sino los cuatro que cantan unas bulerías en la casapuerta de su casa; los tres chavales que, sentados en un banco del parque, improvisan sobre una base de hip hop pregrabada; los que montan un festivalete rockero; los que van al cine de verano… y así algunos locos más que, se den cuenta o no, siguen diseminando las esporas de la esperanza.
Claro que hay gente que no, como siempre, como toda la vida. Mucha. Más. Mucha más. Hay gente que pone trabas casi por gusto. Hay gente que cree que el artista vive del aire y no merece remuneración por su esfuerzo. Hay gente que lo ve todo cutre a su alrededor, porque su Facebook es mucho más amplio, inodoro y seguro. Hay gente a la que le molesta todo esto. Gente que protesta. Hay gente a la que le va mal que unos pocos locos lean, produzcan, creen, compongan, interpreten y por tanto piensen. Pero, ay, hay esperanza. Las esporas se lanzan y siempre sale algo.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (29 de agosto de 2016)

Aparcar es un placer

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 15/08/2016
patatas

patatas

Vino porque le habían dicho que aquí era una odisea aparcar. Y él estaba ávido de odiseas, ilíadas y hasta eneidas. Era lo que se dice un aventurero, hastiado de una vida fácil en la gran ciudad, con sus transportes públicos cómodos y puntuales. Sabía que El Puerto no era único en esto, pero ya que era verano, rodeándose de playas y playeros, se planteó con ilusión este genial reto vacacional.

Le habían hablado del afán de sus habitantes por dejar el coche en la puerta de la panadería para comprar el pan. Puso en google ‘aparcamiento’ y ‘El Puerto’ y se encontró con polémicas históricas cada vez que construían un parking o que eliminaban plazas en el centro pseudopeatonal. Aparecieron también apasionantes historias sobre las zonas naranja, ahora canceladas, las zonas de aparcacoches humanos, los tiques de a euro, las bolsas alegales en la Feria, los vados clandestinos en la playa… Incluso, le habían hablado de la siempre grata doble fila por la parte alta de Valdés o en la avenida del Ejército; todo con un aire muy madrileño. “Un auténtico parque temático del aparcamiento”, exclamó al llegar. Era lo que él buscaba: sentir en sus carnes, y en la temperatura del motor, el placer de buscar un hueco con más dificultades que jugar al Tetris a ciegas. “Para aparcar con facilidad me voy a un pueblo”, manifestaba nuestro protagonista. “A mí, lo que me gusta es sudar y revolverme en el asiento escuchando el cláxon del prójimo, que grita ¡ahí no cabe!”.

Por eso, flipó en colores con la experiencia piloto que se había puesto en marcha en varias calles estrechas del centro, por la cual los coches irían aparcando en zig zag, obligando a los conductores a realizar un eslalon continuo para disminuir la endiablada velocidad del tráfico. “Es una maravilla: esta gente debería promocionar su Aparcapuerto de Santa María como gran atractivo turístico y dejarse de tantos eventos culturales”, sentenció justo antes de irse a Cádiz a probar la zona azul, que también tenía su aquél.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (15 de agosto de 2016)

El suelo que crece

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 01/08/2016
araña

araña

El hospital protagonista de Riget, la serie de terror-humor de Lars Von Trier, se hunde poco a poco pero inexorablemente. Las losas del suelo se van soltando, rompiendo, sin que la gente se percate del proceso. El terreno, maldito, se quiere tragar esa construcción moderna sin importarle lo que en ella se haga. Pues aquí está sucediendo algo parecido, aunque más que hundirse la ciudad, es el subsuelo el que crece para tragarse todo lo que sobre él se edifique. Yo lo veo. Mira bien.

Hay quien cree que todo se debe al afán por horadar el subsuelo, o por la ineptitud de los que plantan árboles que no son los adecuados, pues sus raíces tienen hábitos destructivos, inhumanos, faltos de ética -curiosamente como la naturaleza en sí misma-. También hay quien dice que los socavones, grietas y asfaltos degradados son síntoma de la malísima calidad de los materiales empleados para cubrir la tierra, permitiendo que circulen vehículos o nuestros pies inocentes durante unos pocos años, hasta que se contratan arreglos y parches económicos. Como siempre, están los que lo reducen todo a la moral del negocio y la rentabilidad.

Sin embargo, parece que nadie advierte que la tierra, inmortal, no entiende de cifras, préstamos ni licitaciones. La tierra, como el mar, habrá de sobreponerse a lo que hacemos los humanos con ella, tarde o temprano, y aquí ya está ocurriendo. Como en la serie danesa, somos las víctimas de una maldición y una venganza asocial contra nuestra soberbia antinatural. Las plazoletas resquebrajadas lloran y nadie las escucha. Las aceras son violadas desde abajo y nadie les presta atención. Los cruces crujen pero nadie los oye.

Puedes caerte, tropezarte, pero siempre acusarás a quien puso el suelo, al arquitecto, al técnico municipal, al político, al prestamista, al fabricante de adoquines y losas. Incapaces que somos de oír el lamento de la tierra que, bajo nuestros pies, quiere devolverlo todo a su desorden original.

Y si me estoy equivocando, al menos, mola imaginarlo.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (1 de agosto de 2016)

Expediente Obama

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 18/07/2016
florecilla

florecilla

Ayer no, el otro domingo, viví una experiencia inquietante. Estaba sentando en el escalón de la terraza de mis padres reflexionando sobre la visita del gran Obama, cuando caí en la cuenta de que el amo estaba a pocos miles de metros de mi. Entonces, me transubstancié en él. Así. Fluup.

Gallardo y oscuro, bajé de mi súper avión y, cuando todos me decían por aquí, señor, que vamos a saludar a todos los que en Rota nos esperan, decidí negarme y buscar un huequito en la playa, y darme un chapuzón, pues hacía un calor mesopotámico. Así, alto, desgarbado, sonriente y ultrapoderoso, me quedé en bañador -hawaiano, con flores celestes sobre fondo blanco- y enseñé a todo el mundo mi torso de proporciones helénicas. Los fotógrafos, Fito entre ellos, captaban una escena genial de mi humanidad absoluta, cuando alzando el brazo le pedía una cervecita al primer vendedor ambulante que pasaba. Mi asesor de imagen, encorbatado, implorando que le tragase la tierra (por lo de mi bañador), le dio unos dólares, y dio un paso atrás. Mis guardaespaldas, avergonzados, se tiznaban a varios decímetros, calculando cuántos días les quedaban de trabajo junto a mi para jubilarse. Bien refrescado, y tras firmar húmedos autógrafos a los bañistas anónimos, entoné el toque de regreso al avión, que nos íbamos de vuelta a casa, y todos me siguieron sin rechistar, que para eso era yo el jefe y premio nobel de la paz, pues rezumo paz allá donde vaya.

Sin darme cuenta, regresé de mi transubstanciación momentánea a la terraza de mis padres y minutos después me encontré viendo en internet unas fotos, aún calientes, en las que Obama saludaba a las tropas, dando un discurso bien aprendido. No se veía el bañador hawaiano.

Qué lástima. Por un instante pensé que tenía en mis manos el mando del universo y que con apretar un botón sería capaz de acabar con las guerras, el hambre y la falta de aparcamientos. Pero mi transubstanciación había sido un fraude. Una mentira. Un cuento… O, espera, acaso el cuento es todo lo demás.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (18 de julio de 2016)

Cultura de tarjeta

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 04/07/2016
libro

libro

No, hombre, ya te digo que no es por ir en contra de la cultura. Que el pago con tarjeta de crédito es, en realidad, en lo más profundo de su significado, la mejor manera de luchar contra el fraude. Piensa que si un defraudador de ésos que campan por ahí quiere ir al teatro, o al cine, no podrá lavar su sucio dinero negro comprando las entradas. ¿No te parece una buena idea? Que sí, que luego podrá deshacerse de esos billetacos adquiridos dios sabe de qué forma yendo a comer a cualquier bar. Pero, al menos, que no cuente con nosotros. La cultura es sagrada. Aquí la protegemos de los censores, sí, pero también de aquéllos que viven de la economía sumergida, que son una especie de ladrones de guante grisáceo.

No, hombre, ya sé que no vamos a obligar a pagar con tarjeta de crédito las entradas. No vamos a ponerle una pistola en la sien a nadie para que saque su reluciente mastercard, o la que sea. Más que nada porque es solo una recomendación. Que como ésta es una medida novedosísima, vamos a tener manga ancha temporalmente. Pero como, a priori, sospechosos son todos, aunque no lo podamos decir pues sería un escándalo, advertiremos que para años venideros les cobraremos rigurosamente con tarjeta, y nada de calderilla negra. Ni negra ni blanca. Que con la cultura no se juega. ¿Acaso no compra nadie entradas para el festival de Villaparda del Oso vía internet, usando su tarjeta, así como para reservar el billete de avión? Pues eso.

No, hombre, o mujer, claro que buscaremos la fórmula para quien la tenga de débito, en vez de de crédito, o para quien directamente no tenga tarjeta -pobre gente-, para que pueda acceder a la cultura patrocinada por sus impuestos, que no es poco. Al fin y al cabo, siempre buscamos fórmulas para todo, sean efectivas o no, por si no se ha dado cuenta. La buscaremos, no se preocupe. Si hace falta, hoy mismo vamos a la base de Rota, que celebra el 4 de julio, grandioso día, a ver si dan con alguna solución, que de cultura de tarjetas allí saben tela.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (4 de julio de 2016)

El dinamitador

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 20/06/2016
Tobogán

Tobogán

Buenos días, soy el dinamitador de tripartitos, y vengo a dinamitar el suyo. Ah, ¿sí?, estupendo, le estábamos esperando, pase, pase usted. Gracias. No tiene usted cara de dinamitador. Habrá visto usted muchos dinamitadores. No, ninguno, pero me esperaba algo más siniestro. Vaya por dios. Bueno, no se preocupe, confiaré. Perfecto, ¿por dónde empiezo? Empiece usted, haga el favor, por el medio. Eso será fácil. Espero que así sea. No se preocupe, tengo fama de ser un dinamitador maravilloso, con amplia experiencia en esto de los tripartitos. Este tripartito tiene lo suyo, no se crea. Todos lo tienen, discúlpeme. No sé. Se lo aseguro; todos tienen lo suyo, y se las traen, pero no se ofenda por la comparación. No, si yo no me ofendo con nada. Ya se ve, por algo me habrá llamado. Es que si hay que dinamitar el tripartito, ahora es el mejor momento. Sí, le entiendo, con las elecciones generales a la vuelta de la esquina, considera usted que es buena propaganda hacer saltar por los aires el tripartito. A lo mejor funciona. Ya veremos; yo solo me encargo de la explosión controlada, pero de las consecuencias, las ruedas de prensa y todo eso, ya se ocupa usted. Por supuesto, no le quepa duda, no tengo otra.
Bueno, apártese, que voy a empezar a instalar la maquinaria y no apetece que, por un fallo humano, dios no lo quiera, acabe usted manchándose. Oh, claro, sin problema, ya me aparto, trabaje usted a gusto. Gracias. A usted, siempre. No, a usted. A todo esto, ¿por cuánto me va a salir el trabajito? Hmm, medio millón. Qué susto. Es que soy un profesional, nadie va a saber que he estado aquí, no dejo huellas y, por ahora, soy infalible. Es mucho dinero. Fue usted quien me llamó. Pero pensé que. ¿Qué pensó, que dinamitar un tripartito es barato? No, no me malinterprete. Puede financiar el pago. ¿Y si luego se hunde el bipartito y no puedo pagarle? No pasa nada, la roncha se la deja al que herede su cargo, como se suele hacer. Ah, no sabía. Hombre, pues claro, si no, yo no cobraría nunca.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (20 de junio de 2016)

Cruzar el portal

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 06/06/2016

IMG_20160606_222743Leo la expresión ‘portal de transparencia’ y me viene a la cabeza la película Stargate, esa de ciberdioses egipcios y un lingüista rodeado de fortotes actores armados. La expresión, la de portal de transparencia, me la encontré ayer cuando buceaba por la web municipal en busca de algo para reír. Me llamó la atención, visualicé a Kurt Russell y pinché. En ese breve instante en que el reloj de arena virtual se agita mientras carga la página, soñé con obtener información fidedignísima de los sueldos de nuestros munícipes y de algunos contratillos, de modo que pudiera escribir algo sobre el primer año de trigobierno. Soñé con que atravesaba el portal, dirigiéndome a un mundo más justo y limpio, en el que las personas son capaces de ver pensamientos, emociones y salarios de sus prójimos, reverberando sobre sus pieles aún humanas como rezumando vapor, dígitos y luz al mismo tiempo. Una pasada. Vamos allá.

Pero de pronto, mi navegador, querido navegador, me avisa con un temible mensaje: error de privacidad. Los piratas informáticos (sic) puede que quieran robarle información personal como datos bancarios y otras cosas intimísimas. Hijos de águila. Mi navegador me aconseja que abandone el sitio, que la página no es segura, o que entre, entendiendo los riesgos, oh, dios.

Salgo y pruebo con otro navegador. Lo mismo. Pruebo en otro dispositivo. Igual. Incluso, compruebo que en el portal de transparencia de la Junta, que debe ser más seguro y transparente, también los piratas están al acecho en una esquina. Sospecho que cruzar el umbral de la transparencia hacia otra galaxia inmaculada entraña un riesgo bien feo y vuelvo a recordar Stargate: ¿acaso se debe a que desconozco la arcana contraseña que me permita acceder a la información transparente?

Pero ¿por qué? ¿Por qué esta mierda de cartelito no sale cuando entras en una web repleta de virus y troyanos que condenan a tu dispositivo a hacerse pipí todas las noches? Pues, hala, no quiero entender los riesgos. Me han asustado. Me quedo en mi mundo opaco.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (6 de junio de 2016)

Temporal de primavera

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 23/05/2016

 

IMG_7273Es recurrente recurrir a lo de la regeneración de las playas en esta época del año. Los temporales de primavera lamen la arena hasta donde llega la marea y deja la costa serrada, con acantilados de un metro de altura, que se desmoronan si pisas fuerte. Los temporales de primavera se llevan una arena, de buena calidad, que con tanto esmero han depositado nuestros… nuestros… ¿los de Costas, Puertos, todos ésos son nuestros?, aflojando euros con diarreica constancia, año tras año, para ver si una de estas primaveras llega el cambio climático a gusto de turistas y paseantes y deja la arena ahí bien colocada, quietecita para que la llenemos de latas, paquetes de donetes y colillas. Es como el que apuesta un pastizal, todos los años, a que el Betis gana la liga de fútbol masculino. Siempre cabe la posibilidad, dirán, como el Leicester.

Pues sí, es recurrente recurrir a lo de la regeneración de las playas en esta época del año, porque el asunto se presta. Como lo de las banderas azules, que cada año da para escribir una copla, por lo graciosas que son. Pues lo de las playas, igual. La pérdida y la ganancia de arena y venga a desembolsar, a ver si este año resiste. Y no se dan cuenta de que el mar nos está hablando, o más bien, gritando, ¡apartad, malditos! No se dan cuenta de que el mar quiere reconquistar lo que considera suyo por las bravas. Mientras, nuestros… nuestros… imaginan un súper espigón desde la Costilla  hasta la Caleta para que las playas de la bahía no gasten más arena.

Que sí, que es socorrido y recurrente recurrir a lo de la regeneración. Pero por muchas erres que le pongamos a la frase y la usemos de rompeolas, el temporal de primavera se partirá de la risa viendo cómo el humano tropieza sobre la misma ola una y otra vez, mientras alguien que no sale a escena se gana el sueldo, la jubilación y una propina para el IRPF con el asunto de la arenita para arriba, arenita para abajo.

Y el año que viene por estas fechas, nos volvemos a recurrir en la arena. ¿Apostamos?

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (23 de mayo de 2016)

Banderas de playa

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 09/05/2016
pesa

pesa

Lo mejor en estos casos es no hablar más del asunto. Si la pérdida de banderas azules de las playas de El Puerto supone una muy mala publicidad, cara al turismo, es precisamente porque se le da publicidad. Lo que es lo mismo; si nadie hablara de la pérdida de banderas, no habría publicidad negativa y, por tanto, no pasaría absolutamente nada. Pero es que además, a parte de la retirada de banderas, tengo el presentimiento de que la gente seguirá viniendo a la playa tan campante a llenarlo todo de ingresos y algo de porquería, o lo que sea, a bañarse en estas aguas de verde espumoso. Aunque hablemos de ello todos los días, de aquí a junio y se monte una polémica gorda, la gente seguirá viniendo tan campante. Primero, porque a la propaganda negativa solo le damos cuele aquí y no en Sevilla o Berlín. Lo que se ve a nivel nacional, por lo que he podido ver en la tele, es que España ha batido el recórd de banderas azules en un verano. Y no, no hablaban de las que no tiene El Puerto. Así que nadie se enterará de que somos un pueblo sin banderas azules, con una depuradora que o depura poco o depura bien pero no lo bien que le gustaría a la Unión Europea, que de depuraciones debe saber una barbaridad, aunque no quiera saber de otras muchas cosas. Y segundo, la gente seguirá viniendo a nuestras playas portuenses porque no conozco a nadie, a nadie pero nadie que diga, oye, vamos a la playa de no se qué, que según la asociación ADEAC cumple con todos los parámetros habidos y por haber para conseguir la bandera azul. Oh, sí, venga, vamos.

Por tanto, finalizo con dos reflexiones. Una: soy consciente de que me contradigo al hablar del asunto en esta columna cuando antes he dicho que no debería dársele publicidad. Me salva el escaso número de lectores a los que puedo alcanzar. Dos: las banderas, azules o marrón fosforito, no me sirven más que para hablar de ellas cuando se izan o se arrían. No se hable más y, si acaso, invéntense la bandera gris perla y graben con ella un video promocional.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (9 de mayo de 2016)

Centro de animales

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 25/04/2016
cuerda

cuerda

Merkel, medio gótica medio sonrisas y lágrimas, se reúne con Donald Trump, todo humildad, en el centro de animales, aún no construido, a media noche. No hay niebla, y sí una luna clara y poética, por lo que se les ve perfectamente y oímos lo que dicen. Qué tal, qué tal tú, y cosas de esas. No parece que fluya la conversación filosófica entre estos dos. No porque no sepan, sino porque están esperando a los demás que están por llegar, que por lo visto tardan porque se han entretenido en un bar del centro, del histórico, no del de animales, pues en el centro de animales están, como ya se ha dicho, Merkel y Trump, Trump y Merkel, los dos en son de paz, quitándose el fango de la suela de los zapatones dando taconazos absurdos.

Media hora más tarde, aparecen dos, que no son otros sino Maduro y Al Assad, que llegan enlazados brazo sobre hombro, cantando ese toro enamorado de la luna, dando a entender que han bebido como si no hubiera mañana.

Después de los saludos de rigor, intercambio de regalos y puesta al día sobre hijos y nietos, los cuatro noctámbulos callan repentinamente y comienzan a mirarse los unos a los otros desafiantes. Analizan el terreno y la estrategia a seguir a continuación.

¿Y cuánto dices que ha costado este centro?, pregunta Trump, para romper el hielo. Escuchamos la respuesta de Merkel, puf, si contamos los ciento veintemil que costó el primer intento… Vuelven a callar, incómodos, pero prudentes. Quisieran ver llegar a Putin, al chino, a Obama, a todos ésos. Pero nada, la noche va pasando y no aparece nadie.

El amanecer despinta allí, sobre la sierra y ahí aguantan, en el centro de animales. De pronto, el sirio habla, por hablar algo: esto me recuerda a una película de Buñuel, la ángela exterminadora, o algo así. Entonces, advierten que se acerca una columna humana, en procesión, todos bien vestidos, muchos. Maduro se pone serio y los demás, detrás. Bienvenidos, damas y caballeros, al nuevo centro de animales. Veréis qué bien se está aquí. Y ahí se quedan todos.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (25 de abril de 2016)

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