El gran bulo

Ahora está todo el mundo con un bulo en la boca. Bulos por todas partes; un bulo detrás de la oreja, un bulito en el pecho… otro en el bulo raquídeo. Se habla todo el día del funambulismo político, de los bulócratas desalmados, de la bulimia, del bulismo escolar y del bulismo zen. Leemos muy a menudo eso de que eres más raro que un bulo volando, o más terco que un bulo, el bulo que se cree caballo, de la bula al trigo y del trigo a la bula. La bula de billar, la bula del Norte, bulo de cabra, bula de set y partido, las bulas de Salem.

Qué es un bulo, lo sabemos todo el mundo. Hay quien los esparce a conciencia y a voleo, con gran ánimo lúdico-festivo (o sea, el bulanguero o bulanguera), y hay quien los transfiere a fuego lento, sin querer y sin conocimiento. Pero, ¿de dónde viene el bulo? Esa es la cuestión para entender esta bulocracia en la que vivimos hoy, repleta de fucknews y cerebros bulotomizados. No nos basta con tomar buloxetina y ponerle un bulofax amenazante a Sandra Bullock.

Habrá quien diga que procede, originariamente, del mito de Rébulo y Remo, o del Bulo de Osma, provincia de Soria, o de Boulogne Sur-Mer (Francia), de los bulevares de Viena, o hasta de Bela Bulosi. He llegado a leer que fue el disco insignia de Sex Pistols, Nevermind the Bulos el que inició esta verdadera plaga y no la peste bulónica, que tendría mucho más sentido. ¿Qué tiene que ver en todo esto las bulas papales, el pecado de la bula, o las muy nuestras bulerías? Nada. No dejan de ser actos bulos de pleno derecho. Sería como echarle las culpas al Buli, ese restaurante con nombre de torero, o a los Bulova –los primeros en sacar un reloj electrónico-.

Bulear no está recogido todavía en el diccionario ni tampoco la poesía bulócica, pero hay que tener en cuenta que la academia siempre va por detrás, con el bulo en pompa. Qué sinvivir. O aprendemos a distinguir los bulos y las bulas, o nos vamos todo el mundo, muy en breve, a tomar por bulo.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (5 de abril de 2021)

Proyecto emprendedor 645

Levantamos una murallita desde el campo de guía hasta San Luis, tira para el cementerio, y de ahí a la rotonda de la renfe. El tramo del río, siendo río, no necesita tapia. En tres puntos clave ponemos puerta con torno y taquilla: plaza de Toros, Santa Clara y Pozos Dulces. Cartelitos con los precios y horarios de visita, y al lado, una mascota, probablemente un animalito antropomorfo de colorines con pinta de imbécil, elegido en votación tras concurso público. El nombre de la mascota será tipo perro portuense: Camaleony, Coquinery, Cigüeñy… El concejal de Arte podría influir en la elección, pero no debe saberse.

Una vez dentro del recinto histórico, bancos a cada veinte metros. Bancos de sentarse a cada cincuenta. Quioscos a cada cien. Todos gestionados por los cinco restaurantenientes de toda la vida, para tenerlos contentos y no nos agüen el proyecto. Lo mismo con los barecillos, tascas y hamburgueserías, que conservarán los nombres tradicionales de negocios locales. Los gastrobares, neobares y chupibares no tendrán cabida, a no ser que se adapten a los nuevos tiempos y sirvan papas aliñás, normalitas, sin reducción de pedro sánxez ni cosas de esas. Las ruinas ornamentales que salpican todo el casco estarán señalizadas en guías multilenguaje. En casos excepcionales, los despojos y vestigios más feos serán reconvertidos en casas de apuestas con habitaciones de alquiler de alto estandin en sus azoteas (esto puede ser lo más rentable del proyecto).

A la población autóctona se le abonará una paga íntima universal, siempre que no salgan del recinto y consuman, se fotografíen y compren todo aquí. Se les premiará con un plus proporcional a su gracejo. Si abren la boca para quejarse, se montan unos altercaditos teatralizados y una represión aparente, y listo (muy viralizable todo y por tanto, monetizable).

Si no os gusta este proyecto, mañana os traigo el 646, que incluye vuelos regulares desde el Aquasherry hacia Marte. Que hay que mirar al futuro que ya es presente.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (22 de febrero de 2021)

Romance de las plaguitas

Esta es mi lista de plaguitas. Pero hay más. Y puedes hacer tu propia lista:

1, el plas plas plástico. Hemos crecido zampándonos la roña industrial empaquetada en plástico, bebiendo microplástico jabonoso y ahora ya todo nos supura. Estamos hechos de agua, carbono y plásticos, y pronto tendremos estómagos de cucaracha y bosques de mentira y humo. 2, el boom boom boom inmobiliario. Casas a precios de palacios, alquileres a precios de salarios, caseros que aspiraban a ser Amancios. Tuvimos que compartir, rebajarnos y humillarnos, soñando con un Disneyland en la alacena. 3, el croc catacroc, y los bancos se rieron en nuestras caras plásticas. Estuvieron también a punto de hacer croc, pero, ups, alguien, quién, tú y yo, los salvamos, los salvaron con nuestra inestimable ayuda de simple súbdito dominado. Por eso te mandan cartas felicitándote y te regalan cadenas con tipos de interés muy bajos. 4, bip bip, la externalización del pensamiento, que alivió nuestros cerebros plásticos. Para qué pensar si pueden pensar nuestros móviles sapiens. Y dejamos de hablarnos y nos desnudamos enteritos, por dentro y por fuera, y le dimos la foto a quienes nos venden la moto plástica y molona. Cerramos las puertas de casa, pero qué más da eso, si nos ven hasta en el váter. 5, grrr, los gurús de la verdad carca y mártir, que nos echan el aliento en nuestra cabeza plástica y nos piden rodillas acolchadas. Se ensañan con la inmigración pobre pero alaban la emigración superpija que se va, no a Vistahermosa, sino a los paraísos rentables. Gente solidaria con las palabrotas, gente que ama a los amos. 6, el covi-vi-virus. Los virus, sus cepas, sus variantes, sus estadísticas, sus cierres perimetrales, sus castas todas, que se nos restriegan plástica, alquilada, endeudada, hiperconectada y pobremente por todos los aspectos de nuestras vidas de, oh, mierda. 7, ¿y te extrañas de los terremotitos, que solo nos acarician de lejos? ¿Cuánto crees que van a tardar en llegar los extraterrestritos y los meteoritos? Po eso.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (8 de febrero de 2021)

Hechos históricos

En la antigüedad, se producía un momento histórico cada mil años (más o menos). En la Edad Media, se vivía un cambio de rumbo civilizatorio cada quinientos. A partir de la Ilustración, los grandes acontecimientos se fueron dando cada cien, cada cincuenta años. En el siglo XX, ya era a cada veinte. Con la llegada del tercer milenio, los hitos en la historia se empezaron a dar cada tres años. En los últimos tiempos, vivimos momentos históricos a cada semana que pasa. Ahora tenemos uno al día. Este verano no habrá telediario que pueda narrarlos todos. El año que viene, la Historia cambiará a cada nanosegundo. Y entonces, luego, vendrá el parón.
No es que se vaya a detener el mundo. Ni la Historia. Sino que cambiaremos el enfoque. Miraremos todo lo que ocurre con otros ojos. El nuevo prisma. Ya no caminaremos en línea recta hacia el futuro. Lo haremos como si bailáramos claqué o sevillanas o break dance. Con ritmo, pero sin una trayectoria clara. Por supuesto, el mundo seguirá registrando catástrofes naturales, avances científicos, asesinatos, golpes de estado. Pero, simplemente, la humanidad ya no los llamará hechos históricos. Simplemente, porque no tendremos más remedio que darle a cada acontecimiento la misma importancia que a cualquier otra cosa que suceda a nuestro alrededor. No habrá tiempo para discernir nada, y al mismo tiempo, todo afectará a todo. Un triste adiós, un expediente de regulación de empleo, una casa sin comida, una familia sin casa, la construcción de un hormiguero, la migración de las cigüeñas, un plato roto. Cada vez que hagas una tortilla, el rumbo de la humanidad estará cambiando. Cada vez que te acuestes a dormir. Cada vez que una mosca ponga un huevo. Cada vez que suba la marea.

Finalmente, cuando ya todo nos resbale al mismo nivel, ya sea una inundación o una pelusa bajo el sofá, vendrá alguien, el graciosillo de turno, a darte un cosqui y decirte: ya vale, anda, deja de divagar y pon la tele, que hoy echan el partido del milenio. 

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (11 de enero de 2021)

Alcalde rey

Hemos visto hace unos días el video de felicitación navideña del alcalde, Germán Beardo, y nos ha entrado una duda enorme que nos reconcome y que protagoniza duros debates en casa, a la hora de la cena. Y no, no tiene nada que ver con el excesivo metraje del video (cuatro minutos y medio, hoy día, es como ver Ben-Hur). Ni con el discurso sencillo, hueco, plano y polivalente, pues de eso ya se ha hablado mucho en estos días. Ni siquiera con el hecho de que haya dos árboles de Navidad (muy bien, por cierto, ese guiño al ecologismo).

El problema, sencillamente, radica en la cantidad de regalos que se ven a la derecha de la imagen, a la izquierda del alcalde, días antes de que llegara la fecha en que, con casi toda probabilidad, se suelen entregar los presentes navideños. Hemos visto y revisto el video decenas de veces para llegar a una explicación satisfactoria que tranquilizara a mis peques, pero nada. No había manera. ¿Sería el cumpleaños de alguien de su familia? ¿Tiene un alcalde la facultad de viajar en el tiempo?

Tuve que hacerme con un informe secreto de los servicios de inteligencia infantil, el cual, en su punto cuarto, apartado B, nos dio pistas y ciertos detalles aclaratorios. Y decía así: “(…) El poder mágico de un rey mago está por encima de las ideologías y órdenes de partido”. Y varios renglones más abajo continuaba: “Un rey mago, por muy electo que sea, siempre tiene la capacidad de invocar regalos para su familia antes que al resto de sus súbditos, pues para eso es rey y mago al mismo tiempo”.

Agarrándome a este argumento, traté de explicarles a mis hijos la posibilidad de que nuestro alcalde sea, a su vez, influencer y rey mago, y de ahí la presencia a destiempo de regalos a su vera. Sin embargo, tras varios días de discusiones domésticas, mi hija (7 años) ha llegado a una conclusión más contundente, la más plausible en realidad: Papá, esos regalos son de mentira; son solo cajas vacías envueltas en papel de colorines. Cosas de la política. Fin.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (28 de diciembre de 2020)