*CONEXIÓN CASTILLITO*

De libros

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 24/04/2017
plastilina

plastilina

Lo malo es que los libros no se pueden cocinar. Los puedes meter en el horno y les puedes echar alioli encima, pero no, no se comen. Arden fácilmente con el fuego y, encima, no soportan el agua, ni tampoco la cerveza, vino o refrescos, todo sea dicho, que después vienen los lamentos.
Lo malo es que no los puedes conectar al wifi para bajarte sus últimas ediciones. No los puedes tirar contra el suelo, ni lanzándolo desde un quinto piso, para que se desintegre, en aquellos casos en los que un arranque de cólera te incite a ello, a desintegrar cosas.
Lo malo es que hoy día, cuando no se les ignora directamente, se les cosifica con absoluta frivolidad. Vale que no los puedes hipotecar ni sirven de aval, eso está claro, pero se les trata como a meros libros florero, en serio. Poco menos que se les da el valor de un salero de plástico -ya sea una novela de Unamuno o el listín de las páginas amarillas. A veces, te encuentras con que te están vendiendo un libro el mismísimo día del libro (ayer, ¿no?) y mañana, si te he visto, no me acuerdo. Como si te vendieran un dentífrico en su supermercado.
Lo malo es que nos quedamos en el bookcrossing cuando faltan anglicismos que fomenten la lectura de libros analógicos entre jóvenes: más slow reading, finger paging o cosas así. Eso sí, a la juventud se la adiestra dándole -vendiéndole- libros falsos, descontextualizados o hipertextualizados, multimediáticos, con patrón de bloqueo y carátula luminiscente. Y mientras tanto no hay quien le explique a esa juventud que si compartes tus libros nadie podrá llamarte pirata. Y mira que es fácil adquirir libros de segunda mano por el precio de una tapa de ensaladilla, o libros nuevos por lo que cuesta una silla plegable de camping negra. Hasta existen sitios donde te los prestan gratis. Pero nada, así vamos. Que cuando te encuentras con un libro en las manos lo primero que piensas es en dónde lo vas a guardar.
Lo bueno, después de todo, es que todavía tenemos libros a nuestro alcance, incluso impresos.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (24 de abril de 2017)

Ultraidea para la llanura

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 10/04/2017

IMG_3063Veían languidecer la llanura gris y mustia. Preocupados, un grupo de conocidos se reunieron una tarde en la cafetería de un hotel, o en un chiringuito, y entre copa y copa llegaron a la conclusión de que esa llanura podría acoger un parque temático turístico industrial de corte neovisigodo. El más iluminado de todo el grupo sugirió que la ultraidea del megaproyecto serviría para crear 265.590 empleos directos. El segundo más iluminado, resoplando, como diciendo, no hombre, no te pases, optó por la prudencia y rebajó la cifra hasta los 87.493. A más de uno (en masculino, porque era un momento muy viril) la imagen de la llanura llena de rótulos de neón le provocaba espamos de éxtasis en el bolsillo. Habrá que llamar a un par de inversores y constituir una fundación o un consorcio, o un algo que tenga página web. Hay que organizar un macroevento para vender la moto, digo el proyecto (con el entusiasmo se trabucaban). Si hubieran tenido un piano al lado, alguien habría tocado jazz. Hay que convocar a la prensa y contarles la parte genial de la idea. Hay que prepararse un tocho de quinientas páginas sobre el medioambiente para protegernos de los comehierbas. Habría que invitar a los agentes sociales más punteros del momento a que se unan a la causa. En la subvención está la clave. Las propuestas surgían así, como espuma amarillenta en una lluvia de ideas (somos los ‘riders on the brainstorm’, fue la expresión que usó con gran maestría el más anglófilo). Ya ni siquiera veían el partido en la tele, ensimismados todos bajo una capa de gozo a largo plazo.

Pero ahí que apareció el de siempre, el aguafiestas de cara angelical que solo bebía té con limón, y comentó con desdén que el proyecto se parecía demasiado a ese que el Supremo ha sepultado en Puerto Real. Los demás miraron incómodos sus anillos y carraspearon. El ideólogo maldijo el derrotismo tan portuense de su amigo y disolvió la reunión.

En la llanura gris y mustia seguirían languideciendo cientos de farolas y naves vacías.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz, (10 de abril de 2017)

Ciudad de la infancia

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 27/03/2017
fuente

fuente

El otro día, el PP llevó a pleno una propuesta para crear una ‘ciudad de la infancia’ en El Puerto, con áreas de convivencia familiar, zonas verdes, juegos al aire libre y hasta cantina con refrescos. Y un espacio así de llamativo es capaz de convencer de su necesidad a los padres que se preocupan por entretener a sus hijos en la calle, alejándolos así de las adicciones a las pantallas y a los sofás. Pero el Gobierno rechazó la moción porque no había un proyecto concreto para ser estudiado. Además, había de por medio una confusión terminológica, al debatirse sobre un recinto cerrado de ocio llamado Ciudad de la Infancia y al mismo tiempo, sobre el concepto de la Ciudad de los Niños del que habla el pedagogo Francesco Tonucci. Lo primero se refiere a la construcción de un parque más grande de lo normal, con negocios y vallas perimetrales, probablemente adaptado, esterilizado y de suelo blandito, cumpliendo toda normativa en vigor. Lo segundo es una política concreta, que busca que la ciudad de los niños sea la propia ciudad, El Puerto en este caso, que para eso los niños también son ciudadanos.

Crear espacios especialmente para los peques supone acotar espacios donde la seguridad y la comodidad priman sobre la diversión, la creatividad, el libre movimiento o el contacto con el entorno real de los niños. En cambio, crear una ciudad de los niños sería hacer de todo el pueblo un espacio en el que los niños puedan aprender a ser autónomos, arriesgados pero no temerarios, y a elegir su camino, aun manchándose las rodillas.

No sería malo que construyesen nuevos recintos infantiles, claro, pero en El Puerto hay playas, pinares, retamares, salinas, lagunas, ríos, parques, paseos, pistas deportivas, plazas y plazoletas, calles peatonales y calles peatonalizables para entretenerse, experimentar y aprender. Basta con que no haya caquitas ni restos de botellón ni ruidos de motores para que toda la familia se esparza en paz por cualquier parte de la ciudad. Aun cumpliendo las normativas.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (27 de marzo de 2017)

Escozor

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 13/03/2017
piñas

piñas

Nos escuecen las imágenes o, por el contrario, nos escuecen los hechos. Nos escuecen las palabras, o bien los pensamientos, y viceversa. Nos escuecen los objetos o nos escuecen los sentimientos. Nos escuecen los símbolos, o no. Nos escuecen las risas o nos escuecen las lágrimas. Nos escuece el silencio o nos escuece el ruido. Nos escuece la solidaridad o, al contrario, nos escuece la caridad. Nos escuece el resultado o nos escuece el juego.

Nos escuecen los perros vagabundos y demás animales defecantes o nos escuecen los perros pijos con chubasquero, también defecantes por otra parte. Nos escuecen los muebles de Ikea o las pinzas de tender del Pryca, si es que aún existen. Nos escuecen las metáforas o, como a mí, nos escuecen los textos administrativos. Elegimos los pijamas o bien optamos por los esquijamas, para lo de escocerse me refiero. Nos escuecen los pedales o nos escuecen los autobuses naranjas. O nos escuece el coaching o nos escuece el yoga. Nos escuecen las habas y nos las cuecen, o el glutamato, y nos lo inyectan.

Nos escuece la pantomima o nos escuece la verdad. Nos escuecen los titiriteros o, por otro lado, nos escuecen los toreros. Nos escuecen los lápices o nos escuece el sistema qwerty, aunque no lo parezca. Nos puede escocer ora la alopecia ora las canas. Nos escuecen particularmente las princesas Disney o, por el contrario, nos escuece la bruja Piti. Nos escuecen los disfraces o los otros disfraces. Nos escuecen las corbatas o nos escuecen las pancartas. Nos escuecen las dicotomías reduccionistas o nos escuece la relativización absoluta. Unos me escuecen a mí a priori, de sopetón, y a otros los escuezo yo por mí mismo cuando puedo. O nos escuece el escozor, o lo disfrutamos.

Y así seguiremos inescrutablamente, escociéndonos sin parar, pero eligiendo, hasta que un asteroide, en sentido literal o figurado, se empotre contra el planeta y nos invite a todo el mundo a marchar con viento solar a otra galaxia reciclada a partir de basurilla espacial, y amoral.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (13 de marzo de 2017)

630 libros

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 27/02/2017
murete

murete

Suposiciones, posiblemente barriobajeras, sobre los motivos por los que la biblioteca municipal adquiere con orgullo 630 libros y otros artículos de consumo cultural, por valor de 6.500 euros, comprándolos en la FNAC. 1. Por tradición. 2. Por mandato legal. 3. Porque lo contrario, comprar 6.500 libros por 630 euros, en este país del mundo, se antoja anticapitalista e inmoral. 4. Porque los libreros locales no forman un nicho de votos plausible y por tanto no entran en los planes de reactivación económica municipal. 5. Porque diez coma tres euros de media por artículo es un precio muy competitivo; tanto, tanto, que puede competir en varias categorías a la vez, como Ángel Nieto en su época gloriosa. 6. Porque Fonsi Nieto, sobrino de éste, desempeñó el papel de último rey mago a cambio de, precisamente, que se hiciera un desembolso en la multinacional francesa, en la cual tendría algún tipo de relación accionarial a través de una promotora de festivales rockeros… No, no, esta suposición no se sostiene; pasemos a la siguiente. 7. Porque alguien creyó que FNAC era la federación nacional de almacenes culturales, radicada, por qué no, en el polígono de las Salinas. 8. Porque la web de la FNAC, que es una firma de altísimo abolengo, es mucho más intuitiva que la de las librerías portuenses, que por fuerza y oposición, habrán de ser más ilustradas y racionales, y en consecuencia, mucho más complejas. 9. Porque la telecompra es mucho más cómoda que dar paseos por la ciudad con una lista de 630 títulos en el bolsillo, o en una carpeta, da igual. 10. Porque el envío postal es mucho más cómodo y veloz que cargar con todos los libros de un sitio a otro, en carretilla, o aún peor, en bolsas: a cinco libros por bolsa, saldrían 126 bolsas; que a dos bolsas por persona, serían 63 empleados municipales acarreando libros, o peor aún, uno solo dando 63 paseos, de la tienda a la biblioteca y vuelta y así hasta la extenuación.

No sé, alguna razón tendrán. Yo solo hago suposiciones.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (27 de febrero de 2017)

Torete, el gallo

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 13/02/2017
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Estrellas

Hoy tenemos aquí, con nosotros, en exclusiva, a Torete, testigo de excepción de uno de los episodios más mediáticos de los últimos tiempos en la ciudad. Torete es uno de los gallos que se encontraba, hace unos días, en un añejo reñidero del centro cuando de pronto apareció la Policía y la velada terminó antes de tiempo. La gente ha tenido acceso a la versión oficial de la redada, que habla de numerosas irregularidades, levantamientos de actas y pedidas de documentación, y también se conoce la de los aficionados a las riñas de gallos, que defienden su legalidad por encima de todo. Sin embargo, la mayoría desconocemos la versión de los verdaderos protagonistas, los gallos combatientes que participaban en el evento.

Torete nos recibe erguido sobre una jaula, en un cuartucho decorado con carteles de la Warner Bros., fumándose un puro, mientras suena por un altavoz cascado una canción de Alice in Chains que se llama, precisamente, Rooster (que es gallo en inglés). Cualquiera podría pensar que un gallo, por el mero hecho de serlo, debería ser un rapero genuino, por lo que habría de suponerse que Torete sólo trata de esconder sus gustos ante la prensa, confundiéndonos con música grunge.

Antes de empezar, su agente nos ha advertido de que Torete no habla del cine de Disney ni de maíz transgénico, y tampoco está dispuesto a entrar en el debate de toros sí, toros no, ni en el de si las peleas de gallos son necesariamente machistas. Hemos aceptado sus condiciones, a cambio de que permita ser fotografiado y que grabemos la entrevista. Aún así, le hemos distorsionado la voz, hemos pixelado su pico y hemos ocultado su verdadero nombre con uno falso para protegerle ante cualquier amenaza que se presente de ahora en adelante.

Así que, con todo esto, si más preámbulos, representando al desconocido colectivo animal de los gallos de pelea, con todos ustedes, ¡Torete! Gracias por atendernos hoy, Torete, quisiera preguntarle: ¿creen los gallos, como los pollos y las gallinas, en el karma?

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (13 de febrero de 2017)

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Estructura celestoide

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 30/01/2017
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Acabaron contigo, oh estructura celestoide, con una retroexcavadora, o dos. Acabaron contigo sin atisbo de piedad, aunque todos te llamaban monumento, monumento de las velas. Dicen que empezaron la demolición por arriba, en sentido descendente, porque probablemente, tras muchos estudios, alguien recomendó no hacerlo en sentido ascendente, pues habría contravenido complejas leyes físicas, difíciles de explicar. Dieciséis años ahí, enhiesta, quince metros por encima del asfalto, cual faro y guía de entrada a la ciudad, eres ahora reducida a escombro huérfano, alpiste para el pasado, pienso para el recuerdo y pasto para la web de Gente del Puerto.

Eras difícil de describir, oh estructura celestoide, en todo tu ser: tu fuente antirrenacentista, tu rotonda subyacente en elipse irregular, tu corona giroscópica estrellada, tus velas al viento centrípeto, tus vanguardistas ventanas circulares. Difícil de describir, sí, pero fácil de comprender, en todo tu ser, por el casi millón de euros que costó montarte ahí, para convertirte en arco del triunfo y símbolo de un poder que se esfumó en cuanto se pinchó la pompa inmobiliaria. Y ahora que no hay apenas rastro de aquella época, justifican tu aniquilación: porque era caro trasladarte, porque estabas en mal estado, porque eras muy fea, porque no significas ya nada.

Acabaron contigo, oh estructura celestoide, los mismos (casi) que criticaron tu erección a comienzos de siglo. Y ahora, en pos del progreso, excavarán un aparcamiento, que costará más millones y que será demolido a los quince años, por feo, por su mal estado, por simbolizar un régimen acabado y por lo costoso que resultaría su traslado a un museo. Y todos te habrán olvidado ya para entonces. Todos, salvo aquél que se haya quedado con la estrella tridimensional que te coronaba, reliquia protectora del dispendio público, y que nunca una retroexcavadora, ni dos, podrán destruir en sentido descendente.

Adiós, estructura celestoide; mañana hablaré de ti en clase de Economía.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (30 de enero de 2017)

El robo en el belén

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 16/01/2017
Corcho

Corcho

Antes de que me responda, espere, déjeme que le haga primero una pregunta: ¿sabe usted quién exactamente robó la imagen del niño Jesús del belén municipal a principios de diciembre? Sí, claro. Perfecto, ¿podría usted decirme quién fue el autor? Ni idea, una empresa que se dedica a hacer belenes, ¿no? Me refiero al autor del robo. Ah no, no puedo decírtelo. No me tutee. No puedo decírselo ¿Por qué no? Porque mis colegas me darían un pescuy. ¿Un qué? Un macolillo, un zosqui, un pampli, un cate. ¿Por chivato? Y por más cosas. ¿Por qué lo robaron? Porque no era la fecha. ¿Qué? Que no era la fecha correcta. ¿Para el robo? No, para estar allí. ¿Por? Porque aún no era día 25, que es cuando nace el niño Jesús, según el villancico. ¿Cuánto han conseguido con el robo? No hemos sacado nada, no se puede vender. ¿Dónde lo tienen guardado? Lo tiene uno de esta gente, no le puedo decir quién concretamente, en el salón de su casa, en una butaca que nadie usa, mirando a la tele. Es una blasfemia eso. No sé qué es una blasfemia; me suena a juego de la Play, pero ahora no caigo. Si no iban a vender la figura, ¿para qué la robaron? Ya se lo he dicho: no era la fecha correcta. Podrían haber presentado una reclamación a la Concejalía de Fiestas, en vez de llevarse al niño Jesús. No nos dio tiempo de pensarlo en aquel momento. ¿Se les ocurrió de repente? Pues claro, esas cosas se hacen así. ¿Qué cosas? Las cosas que hacemos la gente normal de madrugada, cuando vamos de recogida. Déjeme que lo adivine: Iban por la calle y al pasar por ahí, uno dijo, mira ¿qué hace el niño Jesús ahí si todavía no ha nacido?, y discutieron. Exactamente, así ocurrió. Rompieron uno de los animalitos… Qué va, eso fue un accidente, al salir por patas con las flores y el niño Jesús. ¿No tenían intenciones políticas o satánicas? Para nada. ¿Les parecía gracioso? Sí, la verdad. Son ustedes simples gamberros. ¿Y usted, qué es, eh, con tanta preguntita? ¿Yo?, yo solo busco talentos para la tele del futuro. Ah, vale.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (16 de enero de 2017)

El Guerrero contra Goliat (y II)

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 02/01/2017
manos

manos

En el capítulo anterior, Goliat representaba las fuerzas del progreso que aniquilan el pasado con tal de rentabilizar su avance. Pero en aquella historia bíblica, Goliat era vencido por un débil contrincante (débil en comparación, no porque fuera enclenque). En esta historia, Goliat caerá a manos de mi amigo Guerrero, que le lanzará una piedra virtual, acertando en su frente simbólica y lo tumbará sobre el lecho del Guadalete. En esta historia, Goliat ya no podrá levantar su parking, porque gracias al esfuerzo heróico de mi colega, se obligará a respetar los restos arqueológicos que yacen en esta ribera, fuente de pura historia. En esta historia, se arregla la antigua Iglesia Mayor y se ponen cartelitos explicativos en el Castillo de Santa Catalina (y, por qué no, también en el resto de baterías que salpican la costa, enterradas bajo arena, piedras y olvido), se hace una promoción seria, con película, representaciones teatrales y todo, sobre el muelle fenicio de Doña Blanca, con tres mil años sepultados de antigüedad. En esta historia, con Goliat exiliado a otro gremio y dedicándose, yo qué sé, a los fondos buitre, por ejemplo, El Puerto aparece en las guías más importantes del turismo internacional, destacando con sus rutas a pie, bus o en bicicleta a través de la línea del tiempo humano, desde los rastros paleolíticos del Aculadero y los neolíticos de Pocito Chico, pasando por la urbe fenicia al pie de San Cristóbal, los pilares del puente romano, la mezquita árabe, el castillo medieval, el entorno de Santa Clara, el monasterio de la Victoria, la Basílica menor, las casas palacio, las bodegas, la fuente de las Galeras Reales, la plaza de toros, el parque Calderón, los pisos de José Antonio, Vistahermosa y por último, los polígonos industriales.

Todo, en esta historia, en la que Goliat es vencido por el Guerrero. Que para eso estamos en nuevo año, impar y primo: para crear nuevas fábulas, mitos e historias, y para soñar. Y cada uno, digo yo, sueña con lo que quiere.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (2 de enero de 2017)

El Guerrero contra Goliat

Posted in Artículos by Alejandro Barragán Luna on 19/12/2016
menú

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Mi amigo Guerrero (es su apellido; es filólogo y no usa cota de mallas) está convencido de que con la construcción del parking subterráneo en Pozos Dulces, se va a cometer un auténtico crimen contra el patrimonio portuense. Hay más gente convencida de tal extremo, pero él solito ha emprendido una cruzada, apoyándose en el activismo mediático y las redes sociales virtuales, para evitar que se destruya un importante yacimiento arqueológico, por mucho que la Administración pública minimice su valor. Pide que paren las máquinas y quisiera que descubrieran o se inventaran alternativas para conservar los restos que aparecieron cuando empezaron a remover la tierra. Que construyan en altura y respeten lo que hay abajo, que pongan si hace falta una cristalera en el suelo para que el visitante aprecie cimientos y pavimentos de hace cuatro siglos en esta orilla del Guadalete. Cualquier cosa con tal de que respeten el hallazgo. Pensará mi amigo, al igual que yo, que si la ciudad quiere vivir del turismo todo el año, ya podría cuidar, invertir y difundir (vender) mejor sus monumentos y su patrimonio histórico, como hace con playas y bares. Dicen que en Francia descubren en medio de un patatal una piedra con una inscripción del neolítico y te montan en un santiamén un hotel, una tienda de regalos y cuatro restaurantes a su alrededor. No sé si será verdad, pero aquí, para que promocionen la arqueología, las ruinas habrían de tener la cara de Cristiano Ronaldo, o algo así.

Mi amigo desearía que la gente se movilizara antes de que fuera tarde y se entrevistaría con quien fuera necesario (alguien con poder, claro) para hacerle ver el desastre que se avecina. Está mi amigo realmente preocupado. No es broma. Pero cuando me pregunta si creo que esforzándonos todos un poco se detendría la barbarie, le respondo directamente que no. Pienso en nuestros enclaves prehistóricos, fenicios o medievales, en la Muralla, en el vaporcito, y en las entidades financieras, y repito: no, sinceramente no. Ojalá.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (19 de diciembre de 2016)