Tuberías del pasado
En realidad, nos puede parecer muy feo, como desubicado, algo triste y desaliñado, deslucido. Como subrepticio (suena bien, aunque no encaje el adjetivo). Vemos ahí una tubería, ahí en medio, descansando a la intemperie, después de permanecer inviolable bajo los adoquines de la calle Palacios durante varios cientos de años, hasta su reciente profanación semipeatonalizante. Ahí en medio, apalancada, tumbada, los lunes al sol, sobre un banco diría que de granito oscuro, esperando a que le arranquen los años de historia a base de golpecitos y otras caricias juveniles y adultas también.
En realidad no es una tubería. Son dos trozos de tubería, o conducción que datan del siglo XVIII. Ahí es nada. Y ahí están, en medio de Jesús de los Milagros (a la calle me refiero) como durmientes sobre el banco de granito etcétera etcétera.
La idea de exponer los trozos, o segmentos ahí en medio, según he leído en estas páginas, proviene de la Delegación provincial de Cultura. Una idea –ruego que me perdonen mis colegas arqueólogos y amantes de lo antiguo si estoy metiendo el patazo- ni más ni menos que sobresaliente.
Veamos pues: conducciones, de agua por supuesto, de qué iban a ser si no, que fueron culpables del retraso de las obras adecentar posiblemente este último tramo de la calle. La última fase de peatonalización y semipeatonalización del casco histórico-comercial. Un hecho histórico, hito en la ciudad que, fíjense ustedes en el detalle, podrá ser objeto de estudio, como un gran misterio, para los arqueólogos del futuro, del siglo XXIII, por ejemplo.
Una iglesia es una iglesia, un teatro es un teatro, por mucho que pasen los años. Pero imagínense lo que pueden pensar estos historiadores del futuro a la hora de levantar la calle para hacer un nuevo parking, por decir algo, y se encuentren este mamotreto arquelógico. Por qué pasaba por encima de un ataúd negro que no se abre un acueducto definitivamente más antiguo, que no era de pvc ni nada de la época. Y a dónde llevaba el agua. Qué paso con el resto de la conducción. Qué significaría el jeroglífico pintado en rosa sobre la cabeza del bloque de piedra. Sería una fórmula secreta, la firma del autor o una elegía.
Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (27 de enero de 2012)

deja un comentario