*CONEXIÓN CASTILLITO*

Tuberías del pasado

Publicado en Artículos por Alejandro Barragán en 27/01/2012

En realidad, nos puede parecer muy feo, como desubicado, algo triste y desaliñado, deslucido. Como subrepticio (suena bien, aunque no encaje el adjetivo). Vemos ahí una tubería, ahí en medio, descansando a la intemperie, después de permanecer inviolable bajo los adoquines de la calle Palacios durante varios cientos de años, hasta su reciente profanación semipeatonalizante. Ahí en medio, apalancada, tumbada, los lunes al sol, sobre un banco diría que de granito oscuro, esperando a que le arranquen los años de historia a base de golpecitos y otras caricias juveniles y adultas también.

En realidad no es una tubería. Son dos trozos de tubería, o conducción que datan del siglo XVIII. Ahí es nada. Y ahí están, en medio de Jesús de los Milagros (a la calle me refiero) como durmientes sobre el banco de granito etcétera etcétera.

La idea de exponer los trozos, o segmentos ahí en medio, según he leído en estas páginas, proviene de la Delegación provincial de Cultura. Una idea –ruego que me perdonen mis colegas arqueólogos y amantes de lo antiguo si estoy metiendo el patazo- ni más ni menos que sobresaliente.

Veamos pues: conducciones, de agua por supuesto, de qué iban a ser si no, que fueron culpables del retraso de las obras adecentar posiblemente este último tramo de la calle. La última fase de peatonalización y semipeatonalización del casco histórico-comercial. Un hecho histórico, hito en la ciudad que, fíjense ustedes en el detalle, podrá ser objeto de estudio, como un gran misterio, para los arqueólogos del futuro, del siglo XXIII, por ejemplo.

Una iglesia es una iglesia, un teatro es un teatro, por mucho que pasen los años. Pero imagínense lo que pueden pensar estos historiadores del futuro a la hora de levantar la calle para hacer un nuevo parking, por decir algo, y se encuentren este mamotreto arquelógico. Por qué pasaba por encima de un ataúd negro que no se abre un acueducto definitivamente más antiguo, que no era de pvc ni nada de la época. Y a dónde llevaba el agua. Qué paso con el resto de la conducción. Qué significaría el jeroglífico pintado en rosa sobre la cabeza del bloque de piedra. Sería una fórmula secreta, la firma del autor o una elegía.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (27 de enero de 2012)

Persiguiendo a Moody

Publicado en Artículos por Alejandro Barragán en 13/01/2012

Moody, agente calificador y elegante caballero, corre por la calle Larga, despavorido, pues cree que le va la vida en ello. Sabe donde esconderse, pero primero ha de zafarse de los seis agentes que le pisan los talones, porra en mano y grito en el cielo. Se oyen sirenas por todo el centro. Moody ya ha perdido el pendrive por el camino, allá por la esquina con Misericordia, cuando tuvo que lanzárselo a uno de sus perseguidores. También ha perdido la americana que tanto le costó y las llaves del audi. A Moody, aún corriendo hacia la calle Cielo y con el aliento en los pies, le queda la corbata cruzándole el cuello, flameando sobre su hombro derecho.

calle

De pronto, plas, al suelo. Pun, puntapié en el costado, de refilón. Como quien no quiere la cosa. La zancadilla ha sido efectiva a pocos metros de encarar Santa Clara. Moody yace en el asfalto, rodeado de seis agentes que le exigen la documentación. No he hecho nada dice Moody con acento como de otro país, y me has dado una patada. Yo sólo he usado la fuerza indispensable para reducirle, le contesta en perfecto castellano el agente.

Si no me das la documentación, te llevo esposado, ¿entiendes? Claro que Moody entiende. Su plan de esconderse en el cementerio y alrededores le ha fallado. Alguien dice algo de vandalismo y edificio público y centro cívico aún por inaugurar. Creen que es él. Tiene toda la pinta. Qué llevas encima. Moody, acatando la orden del guardia, se vacía los bolsillos, depositando sobre un adoquín unas cuantas viviendas ilegales, un par de especuladores automáticos, un polígono vacío, las llaves de seis fábricas, tres móviles, varios cheques millonarios y un pañuelo bordado en oro. Las viviendas se las puede quedar, le informa uno de los agentes, pronto podrá regularizarlas como si nada. El resto, lo requisamos.

Y ahora, por favor, le piden a Moody  que firme en el papelito amarillo. El elegante caballero y agente calificador firma nervioso. No es capaz de entender la cifra de la multa, pero se da cuenta de que, a partir de ahora, tendrá que trabajar duro si quiere pagarla. Y encima, ha perdido las llaves y tendrá que volverse en el Comes, con lo mal que miran los pasajeros del Comes a los agentes calificadores.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (13 de enero de 2012)

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2012

Publicado en Artículos por Alejandro Barragán en 30/12/2011

Hoy, compadre, el fin del mundo está más cerca (esto fue escrito ayer). No creo que a El Puerto le afecte ese tipo de cosas, aquí no nos ve nadie. Eres muy inocente, el fin del mundo es para todo el mundo igual. Y yo, que te iba a desear un feliz año. No, si yo te dejo que lo desees. Pues feliz año nuevo.  Pero, ¿qué le ves tú de positivo a 2012? Todo, la esperanza, la salud, el clima, puentes, aparcamientos, zonas verdes, viviendas gratuitas para jóvenes, ayudas para asociaciones, ¿y tú? Nada, lo de siempre, una tasa de paro por las nubes, unos sueldos de miseria, una feria cojonuda, abusos de autoridad, una política basada en frases hechas. Jolín, yo me refería a tus deseos para el año próximo. Deseo que los agentes municipales viajen en autobús urbano para aumentar la seguridad ciudadana de los peligrosísimos trayectos a las barriadas y, al mismo tiempo, en una portentosa maniobra de gestión técnico-política de altos vuelos, ahorrar gastos en beneficio de las arcas municipales. No sabía que había más de una. ¿Una qué?  Arcas municipales. No sé cuántas hay.  Pero siempre hay más de una. Es verdad. De todos modos, nunca las he visto. El caso es que ese es mi deseo. Qué curioso, ayer mismo (por anteayer) leí en el Diario justo eso que pides de los policías en autobús. No me digas. Me conmueve que te preocupes tanto por la austeridad y la paz del municipio. Soy un as del civismo y la concordia, sí, pero no sabía que mis deseos se hicieran realidad de la noche a la mañana, en cuanto te lo he contado. No, lo siento; tu deseo ha sido a posteriori, y por supuesto, previo a 2012. No me digas. Así que no vale. Mala suerte. A ver, dime otro deseo para 2012, y veremos si se cumple. Deseo que, en el hipotético caso de que caigan más helicópteros y se hundan más barquitos… Deja, deja, no sigas por ahí, pajarito de mal agüero. No me dejas desear nada. Elige algo más amable. Pues deseo que el fin del mundo esté más lejos, en vez de más cerca, pero no creo que eso se vaya a cumplir. En El Puerto no caerá esa breva, ya verás. Pues tú pásatelo bien en Nochevieja. Igualmente.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (30 de diciembre de 2011)

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El padre, la niña y el rey

Publicado en Artículos por Alejandro Barragán en 16/12/2011

Ese padre que sale del Breska o como demonios se escriba, con una gran bolsa de marca en una mano, y su hija de cinco años (aprox.), cogida de la otra. De repente, la niña le tira del brazo, abalanzándose hacia delante, corriendo hacia a uno de los miles de tres reyes magos que estos días se reparten por calles y centros comerciales por un pequeño jornal, y gritando papá papá, mira el rey mago. El rey mago reparte caramelos o algo parecido a los niños que se le acercan jovialmente. La niña sueña con abrazarle tiernamente y pedirle un millón de cosas. Tira fuerte del brazo de su padre. Pero su padre, tratando de sacar de sí mismo su máxima responsabilidad paternal, suelta duramente un “a ese ni te acerques, que es el que no me da trabajo”.

Misteriosa moralidad la del padre anti rey mago, que, con la bolsa de marca en la mano, hurga con crueldad en la ilusión infantil de su hija. En cambio, asombrosa es la inocente perspicacia de la jovencita: ¿se lo has pedido? Es evidente que el padre hace años que no escribe cartas a los reyes magos; justo desde que empezó a salir de las tiendas con bolsas de marca. Ahora, no podrá dormir, ese padre abrumado por su respuesta perversa y, a la vez, por la inteligencia de su hija.

No, no se lo he pedido, piensa ese padre atormentado, en voz alta, para que todos los que estamos alrededor lo demos por supuesto.  Menos su hija, que hace como que no escucha.

La niña tira un poco más fuerte que el padre, que empuja en dirección contraria, hasta que consigue pasar de refilón junto al compasivo abrigo monárquico, justo lo necesario como para obtener un rico caramelo de naranja casi dulce. El rey mago no le da tiempo a ver los ojos de la niña, pero sigue con la mirada su brazo, unido a otro brazo adulto, más largo, que se extiende hasta la cabeza del padre, ya vuelto de espaldas. Un padre atormentado, con bolsa de marca en la mano, que no quiere ni mirar la fantasía que desprende su pequeña y sigue su camino hacia delante.

Que alguien, por favor, me explique la condenada moraleja de este episodio verídico navideño, porque yo, a estas horas, no se la encuentro y el texto se me acaba.

Publicado en El Alambique, Diario de Cáiz (16 de diciembre de 2011)

Entre perros y gatos

Publicado en Artículos por Alejandro Barragán en 02/12/2011

Escúcheme bien. Esto no es cuestión baladí. Los gatos y los perros van a dominarnos de aquí a nada. Al menos, van superarnos en número si no ponemos remedio. Los hurones ya no tanto, porque sólo hay 54 en todo El Puerto. Pero atento; las autoridades regionales ya han registrado poco más de 15.000 perros y unos 1.100 gatos portuenses. Perro, gatos y hurones. Hurones, bichos escurridizos. Pero apenas tortugas, guppies, canarios o hámsteres, porque esos no salen de paseo. Tampoco caballos, que sí salen, pero no los abandonan. ¿Hurones? Aquí hay hurón encerrado.

farola

Escúcheme bien. De los 15.000 perros, según cuenta la noticia, 463 ejemplares son potencialmente peligrosos. Como nosotros, que a lo mejor somos peligrosos, o a lo mejor no, pero seguimos siendo potencialmente amenazadores, temibles y violentos. Sí, son esos perros que tienen que llevar bozal para que no muerdan, ni mientan, ni escupan ni insulten. Yo los he visto de cerca.

463 perros peligrosos son legión, ¿entiende? Y he leído también que en sólo diez días la policía ha contabilizado 350 infracciones, entiendo que en la vía pública. Yo no estaría tan tranquilo. Los gatos, que también podrían ser potencialmente peligrosos según se mire, son 1.100 en toda la ciudad. Pero cuente ahora usted todos los que hay sin dueño. Decenas de miles, calculo yo a lo bruto.

¿Por qué si no la policía local se ha hecho con dos lectores, no uno, sino dos lectores de microchips para animales registrados? Porque, evidentemente, el tema se les está escapando de las manos. Perros, gatos, hurones, propietarios.

Quizás la noticia le haya pasado desapercibida, pero nos estamos centrando en que si el vapor vuelve al Guadalete, que si cierra una fábrica, que si no cobra fulanito o que imputan a menganito, y no nos damos cuenta de que los animales registrados están defecando por ahí, libremente, hala, venga todos a defecar por ahí, y sus dueños, y sus dueños, anda, no me tires de la lengua, no me hagas hablar, que van por ahí, abandonando en una cuneta perdida a sus mascotas registradas en vez de buscarse un trabajo digno…

Ay del hurón que yo vea por ahí sin correa.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (2 de diciembre de 2011)

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Juicio a Visteon

Publicado en Artículos por Alejandro Barragán en 18/11/2011
maceta

La sala del tribunal está repleta de medios de comunicación, afectados, y varios enchaquetados que desconocemos su papel en esta historia, pero dan el pego. En la escena, los jueces del tribunal se atusan los bigotes (si tuvieren) y observan relajadamente al público. A un lado, el fiscal (o fiscala, ya veremos), con sed de combate. Por otro lado está el abogado, buscando una pose para la foto. Debe haber secretarios y cosas así, pero esos nunca tienen nombre en las películas, así que, discúlpenme, pero hoy no cuentan. Y por fin, tenemos ante nosotros al señor Visteon, sentadito en el banco de los acusados, sin esposas ni nada. Sencillamente disfrazado de Pato Donald. Con una gran sonrisa y unas plumas muy graciosas.

Es una burla a vuestro sistema, por si no lo entiendes, responde el Pato Donald, en versión doblada al español, al juez que le pregunta por su atavío. El murmullo inicial se convierte en murmullazo. No sabemos si reír o esperar a oír la sintonía de Inocente Inocente.

La sesión comienza y alguien entre el público vende en inglés palomitas y cerveza. Esto no es un espectáculo, gruñe en voz alta el fiscal (o fiscala, aún no sabemos). Uno de los jueces, de los varios que hay, con rostro serio, pide calma y solicita al señor Visteon que, por favor, deponga ese disfraz de Pato Donald, pues puede resultar denigrante. ¿Denigrante para quién?, pregunta el abogado, sacándose un as de la manga, listísimo, ¿para los patos, o para los fans de Disney?

El juez-jefe se exalta de una vez, súper enfadado, y se dirige al señor Visteon. Oiga usted, usted está aquí sentado porque se le acusa de hacer trampas, y de las gordas. Esto no es una broma. Yo dije burla, no que fuera broma, aclara el yanqui, cansado de repetir las cosas.

Se acabó la paciencia del tribunal. No hay más preguntas. Visto para sentencia. En menos que canta un gallo, el juez entrega la condena al Pato Donald. Éste la coge con el pico, extiende sus alas de goma espuma y emprende el vuelo, como alma que se la lleva el diablo. Ante la atenta mirada de los altos cargos de la Junta y del fiscal (o fiscala, ya nunca lo sabremos), desde lo alto, el Pato nos guiña el ojo. Nos vemos en China.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (18 de noviembre de 2011)

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La voz de la conciencia

Publicado en Artículos por Alejandro Barragán en 04/11/2011

Como es de suponer, entramos ya en otra campaña electoral y todo lo que digas podrá ser utilizado en tu contra, por pardillo. Me lo temía. Eres muy previsor. Entonces, ¿con qué me pongo hoy de la actualidad portuense más candentemente interesante para no acabar pillándome lo dedos? Empieza descartando los temas de siempre, que eres muy pesado. ¿Debería concentrarme en el aniversario de la parroquia de San Joaquín? Bueno, tan poco es para tanto. Pues dime tú, voz de mi conciencia.

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Podrías hablar de los años y años de burocracia que está llevando la construcción de un nuevo centro de salud para la zona norte y que parece que está a punto de terminar. ¿Terminar? Eso dicen. Escúchame: ese tema es espinoso y está enfangado. Como un jardín. No, como un lodazal político-económico. Espeso. Eso. Pues olvídalo. De acuerdo.

¿Y si te paras a comentar lo ocurrido con la Monkey Week? ¿Ocurrió algo malo? No, todo lo contrario. Entonces va a parecer que los organizadores son mis colegas y que les hago publicidad. Pues entonces, olvídalo. Sí, prefiero conservar mi reputación.

Podrías escribir sobre algo así como el carril bici y sus innumerables deficiencias. Lo sé; sé que podría. Pues hazlo. Ya lo han hecho otros más especializados que yo. Tú enróllate: ¿cómo se come un carril bici que tiene esquinas en vez de curvas, que desemboca en agujeros camuflados por la retama y que desaparece cuando cruzas una calle? No, no sé cómo se come, pero supongo que es por pereza. O por ineptitud. Lo que es cierto es que cuando uno (de aquí) va a Sevilla se queda atónito ante la cantidad de ciudadanos que se desplazan (no solo deportistas y paseantes) en sus dos ruedas no contaminantes de un rincón a otro. Sevilla y cualquier otra ciudad que se precie. Pero El Puerto no es una ciudad que se precie demasiado. Quizás. Ha de ser eso.

Oye, pues todavía hay quien espera a que escribas sobre la basura. Pero si eso es lo que hago todo el rato. Pues olvídalo; no te pilles los dedos más de la cuenta. No me los pillaré, descuida.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (4 de noviembre de 2011)

Truco o trato

Publicado en Artículos por Alejandro Barragán en 21/10/2011

Truco o trato. Esa es la cuestión. Si escoges truco, te subo un tanto por ciento los impuestos municipales, contrato servicios que no se pueden pagar,  y mientras tanto esperamos, tú y yo, que los trabajadores que no cobran sigan haciendo sus labores de servicio público, limpiando y eliminando tus propios deshechos; y los míos. Y sin rechistar, cuidado.

chatarra

Eligiendo truco, te monto una fábrica, te vendo el sueño americano y cuando ya estés a gusto del todo, con la miel en los labios, te lo quito todo y me voy a China si hace falta para no verte más. Sólo por elegir truco, chaval.

Si coges truco, te puedo multar sin que te des ni cuenta, cerrarte el chiringuito y al mismo tiempo, brindarte unas de las tantas subvenciones que hay para buenos emprendedores. Y puedo incluso hacer unas obras, construir puentes y otras infraestructuras y, a la vez, hacerte creer que están totalmente paradas, como suspendidas en el tiempo. Sólo por elegir truco y no trato.

Si eliges truco, puedo irme a Madrid y subirte desde allí otros impuestos, el J&B y el Fortuna, por poner ejemplos aleatorios, y mientras, me pongo a prestar, o regalar, dinero a los bancos, para luego pedirles prestado a los mismos bancos para poder pagar otros préstamos, otros servicios y obras que no puedo pagar si no es pidiendo préstamos, que a la postre, no podré devolver si no es pidiendo otros préstamos ulteriores. Si eliges truco, también soy capaz de irme a Sevilla y crear y ofrecerte unas ayudas y unos servicios públicos que no puedo pagar si no es pidiendo un préstamo que… bueno, lo mismo que ya se ha dicho antes. De modo que si eliges truco, como siempre, me reiré un rato a tu costa.

En cambio, si eliges trato la cosa cambia. Si eliges trato y llegamos a un acuerdo, todo se arreglará. A ver qué te parece: tú callas, votas, ves fútbol y vas al Área Sur, al Bahía Sur o al Bahía Mar, y yo, disfrazado con cualquier sigla, voy y me quedo con los caramelos.

Esto es Halloween. O Jalogüin, según se mire. Así que tú eliges.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (21 de octubre de 2011)

Escúdese bien

Publicado en Artículos por Alejandro Barragán en 07/10/2011

Hola buenas, vengo a instalarle el escudo. Buenos días, ¿el escudo de qué? El escudo antimisiles balísticos. Ah, pues pase, pase; está usted en su casa. Gracias. ¿Y cómo es que lo instalan aquí?, porque a mí no me han avisado. No sé, yo soy un humilde técnico, un servidor de la Alianza Atlántica. Wow, qué bien suena. Bah, tampoco es para tanto.

candados

Pero digo yo, ¿no me dará mucha sombra en la casa el escudo ese, o es que es transparente? No, hombre, no vengo a instalar el escudo entero; solo traigo un componente. Disculpe mi ignorancia. No hay de qué, caballero.

¿Y sabría usted decirme para qué sirve tal escudo? Supongo que para protegerle de las agresiones. ¿Del sistema financiero? No, hombre, no diga esas cosas. ¿De los especuladores? Que no, no diga bobadas; será para protegerle de un ataque con misiles balísticos. ¿Pero hay misiles que no son balísticos? Sí, claro, los misiles normales. Bien, ahora entiendo. Me alegro.

Total, que si es por mi bien y mi seguridad, lo acepto. Por supuesto; eso se lo garantizo yo. Es como eso de que el mejor ataque es una buena defensa. Es al contrario. Pues eso, la mejor defensa es un buen ataque. Exacto. ¿Y a quién vamos a atacar? A nadie, creo. Entonces, ¿quién lanzará los misiles balísticos, o normales, que ya me pierdo, contra nuestro escudo antimisiles? Me está usted resultando un pelín preguntón. Perdone, ya le dejo trabajar, pero es que no entiendo la mecánica del escudo ese. Es que no es un escudo. Vaya decepción. Se llama así vulgarmente al lanzamiento de proyectiles que destruyen los misiles en el aire, antes de que nos fulminen los enemigos, que tiene usted que saberlo todo. Acojonante. Ya le digo. Imagino una legión romana, en formación de tortuga, sustituyendo sus escudos por lanzas antilanzas balísticas. Hubieran sido invencibles. Impresionante.

Y a todo esto, ¿sabe el enemigo ese del que me habla lo que me está instalando usted en mi casa? Descuide. Se lo agradezco, pero digo yo que recibiré alguna compensación  por todo esto, ¿no? A usted no sé si le compensará, pero a mí me da para trabajar un ratito. Suertudo. Gracias.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (7 de octubre de 2011)

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Vándalos, haylos

Publicado en Artículos por Alejandro Barragán en 23/09/2011

Los vándalos, haberlos haylos. Y por estos lares, dicen que todavía abundan más, aunque no sé con qué criterio hacen tales cálculos. Pero la cosa es que sí. Creo que los he visto con mis propios ojos en nuestro término municipal. Rondando por ahí, como si con ellos no fuera la cosa. Como si la crisis no les afectara. Como si futuro, porvenir, respeto, responsabilidad, fueran sólo insultos para ellos. Y para colmo, van con la cabeza alta, orgullosos de sus quehaceres cotidianos, de sus agradables compañías, de sus enriquecedoras actividades de ocio.

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Parece que los vándalos (también hay mujeres vándalas, y muchas) no necesitan el dinero. O parece que les sobra. Pero parece. Sólo lo parece. En realidad, este tipo de individuo tiende a encontrar negocios muy lucrativos a los que aferrarse, aunque al final le suponga más de un quebradero de cabeza. Problemas para el vándalo, y para su familia, por supuesto.

Porque en este tema del vandalismo, los que hacen las estadísticas a ojo de buen cubero opinan que la familia cumple un papel fundamental en la propia actitud vandálica del sujeto en cuestión. Yo sufriría si tuviera un cafre de ésos en casa. ¿Usted no?

Les falta educación. Les falta dignidad. Creen que pueden hacer lo que quieran, a su antojo, y que pueden contárselo a sus amigotes con sonrisa bobalicona. Creen que pueden ser atractivos y resultones en una fiesta, y, sin embargo, no son capaces ni de dar los buenos días al cartero. Son gente que disfruta firmando facturas mágicas. O tipos que viajan por todo el mundo, teniendo cajas fuertes, cajas B y cajas Z. O que se creen poderosos marcando su estatus con una sirvienta con cofia y delantal, que cobra una miseria y que no padece dolores ni alegrías. O que se jactan de haber sido escogidos por el pueblo para girar y girar y girar visitas a los restaurantes caros, entre otros marcos incomparables.

Ay, creo que me he equivocado. No era ésa la palabra que buscaba; la gente llama vándalos a otra cosa… pero se me agota el tiempo y, lo siento, no puedo ponerme a cambiarlo todo.

Publicado en El Alambique, Diario de Cádiz (23 de agosto de 2011)

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